Restregarme en tu cama

magela Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos, Otros Relatos Eróticos 6 Comments

Ando perfecta… No me busques fallos. Hoy, ciertamente, no vas a poder mirarme con malos ojos y decirme que es un riesgo. Te he cogido desprevenido, nada tienes que hacer ante lo que te he preparado. Ningún descuido. Nada…
Me miras de arriba a abajo, asombrado. No estamos hablando de haber cuidado la ropa, que lo he hecho. Jamás volverás a encontrar una blusa con adornos de purpurina, ni un maquillaje de colores fuertes y carmín con tendencia a manchar, o plumas en un adorno en el cuello. Tantas veces que tras subirme a tu coche has tenido que ir, por mi culpa, al tren de lavado a echar mano a la aspiradora.
Malvada de mí… que disfrutaba eso. Y pensaba que debías haberte comprado uno con la tapicería de cuero… que con un pañito se limpia en el garaje de tu casa, antes de recoger a tu señora para llevarla al cine tras haberme follado en el asiento trasero, como un animal.
Al principio me parecía gracioso que lucharas con todas tus fuerzas por no acercarte a mi cuerpo para abrazarme cuando mi ropa era inapropiada. Que me besaras también únicamente tras haber tomado algo, cuando el lápiz de labios tenía menor efecto, y que no me permitieras nunca retocarme en el baño, era también pura anécdota… Luego, con el paso del tiempo, al tener algo que perder yo también en vez de ser simplemente la castigadora de tus deseos sexuales, entendí que por más sugerente que pudiera ser un perfume, lo ideal era que no se quedara el aroma de tu loción de afeitar prendido de la solapa de la blusa.
Atrás quedaron las compras de ropa despreocupada. Ahora busco prendas que no dejen rastro al frotarse unas con otras, prendas discretas, ropa anodina. Atrás quedaron los días en que perdía horas probando perfumes con los que engatusarte, obligando a que me olfatearas en todos los puntos que cubría con la esencia elegida… Y digo bien, todos… Me encantaba que lamieras el tobillo, allí donde lo había masajeado con unas gotas, y siguieras el rastro con la lengua, ascendiendo por el interior de la pierna hasta la ingle preparada para recibirte. Allí, ahora, únicamente encontrarías olor a hembra, no como antaño… aunque reconozco, si he de ser sincera, que creo que ese aroma de mi coño excitado también debe poder causarte más de un quebradero de cabeza cuando me restriego demasiado pronto contra tu cuerpo, sin haberte despojado de tus ropas.
Ando perfecta… imposible que te niegues. Y es que hoy… quiero follarte en tu cama de matrimonio.
Al abrir la puerta de tu casa te has quedado de piedra. Sé que no me esperabas, que nunca me has permitido el acceso a tu santuario. Reconozco que te acabo de hacer una gran putada, pero tal vez otro día ya no tenga la valentía de plantarme en tu rellano y llamar al timbre. Mejor ahora, que me atrevo, a lamentar no haberte provocado nunca hasta ese extremo. Habíamos quedado en media hora en la cafetería de siempre, con la discreción acostumbrada. Dos compañeros de trabajo que salen a media tarde de la oficina a tomar un café. Allí todo es mucho más fácil para ti… y yo lo quiero hoy extremadamente difícil.
Quiero tentarte hasta lo impensable. Te quiero entre mis piernas en tu lecho.
Sé que estás a punto de decir una barbaridad, te lo veo en la cara. Pero te has puesto completamente cachondo ante el reto que te he lanzado. No sé si alguna vez lo habrías considerado siquiera, pero por tu reacción parece que la idea de apartarte de la entrada y permitirme el acceso es mucho más que interesante a tus ojos.
Te quiero así, perdidamente cachondo…
Sabes que llevo tiempo con el mismo color de pelo de tu mujer, para evitar problemas con la posible pérdida de cabellos… Ninguno de los dos pensaba renunciar a los tirones de pelo que me das cuando me cabalgas… y eso puede tener más de una consecuencia imprevista. Tener mis cabellos aferrados entre tus dedos mientras empujas contra mis nalgas a cuatro patas de forma salvaje en la parte de atrás de tu coche tendría un desenlace poco satisfactorio si en tus ropas quedaran prendidos, con las prisas al vestirnos.
Aun así, me acostumbré a llevar cola, para disminuir los riesgos… Y hoy, que quiero que sea todo perfecto, decidí cortármelo justo al tamaño en el que lo lleva tu esposa. Si, mi malvado y cachondo amo. Hoy… no puedes negarlo… Me debes una buena comida de coño por haberme atrevido… y voy a exigirla. Y, por cierto… y para que lo sepas… tampoco llevo ni el hilo fino en el pubis, tras rasurarme. Riesgo cero…
Atrévete, abre la puerta… Deja que el aroma de tu mujer, que también he investigado, quede prendido de otro cuerpo en las sábanas pulcras de tu cama… Soy tu amante… disfrazada de tu puñetera y cornuda esposa…
Eso es. Cede. Y ahora cierra la puerta. Y antes de que se te cruce por la cabeza que estoy loca, que me he chiflado y pretendo suplantar a tu mujer para ponerte aun más cachondo… piensa. ¿Quieres correrte taladrándome los bajos mientras sabes que en cualquier momento puedo llevarte a la perdición en tu familia? ¿Quieres? Porque yo estoy loca por devorarte la boca mientras gimes mi nombre, contra la pared de tu dormitorio… mirando tu cama.
No solo quiero ser infiel. Además, quiero ser perversa y regodearme en ello.
Ven… acompáñame a tu dormitorio, y no digas nada. Imagina simplemente lo morboso que será que te folles a tu amante por toda la casa. Joderme en el baño, tras la ducha, apoyada contra el lavabo, mientras ves tu imagen reflejada en el espejo y observas mi cara de gozo con cada embestida tuya. Mis piernas separadas lo justo para que tu enorme verga se entierre en mis carnes y me hagas estremecer e insultarte si frenas, si no me das lo que deseo…
Follarme en la cocina, sobre la encimera donde tantas veces habréis compartido momentos íntimos, donde te prepara tu plato preferido, donde tal vez también la has asaltado. Empalarme con las piernas entrelazadas a tu espalda, ofrecida al movimiento de tus caderas obscenas, con el pantalón vaquero resbalando por las piernas al tiempo que tus manos me torturan las nalgas.
Revolcarnos en el parquet del salón, cabalgarte a buen ritmo mientras tus dedos me pellizcan los pezones y mis uñas se clavan en tus pectorales. Sentir que me llegas al fondo con cada movimiento, restregarme contra tu pelvis sin quitarme la falda ni los puñeteros tacones… Sentir el roce contra tu cuerpo y tu verga tiesa clavarse muy dentro, cada vez que desciendo y te aplasto los huevos entre las nalgas y los muslos.
Y comportarme como una verdadera zorra al entrar en tu dormitorio…
Empótrame contra la pared, hazme gemir mientras tu dureza me taladra la entrepierna. Quiero arañarte la espalda y morderte el cuello mientras te imagino como se lo haces modositamente en el colchón a tu señora esposa. Sin un insulto ni una nalgada, sin saliva ni tirones de pelo, sin jadeos ni pérdidas de aliento, sin sudor ni ruido de chocar de cuerpos. Porque a mí, querido cabrón, me follas como no la follas a ella, me usas como no te atreves a usar su cuerpo, te hago gozar como nunca te ha concedido su coño estrechito de solo en la noche de los sábados…
Si, mi maldito macho… quiero hacerlo mirando tu cama… primero. Que ya luego sepultarás mi cuerpo bajo tu peso y me arrancarás orgasmos tirada y sometida en tu lecho, donde nunca te han ofrecido un culo, donde siempre has querido correrte fuera, sobre la piel calentada y roja por las palmas de tus manos tras las nalgadas. Ahí me quiero correr también, masturbándome mientras me miras retorcerme de gusto, en la colcha que compraste con ella aquella tarde de verano de rebajas, cuando lo que querías era ver el puñetero partido de fútbol. Imagina la que habría elegido yo… pensando en que la íbamos a ensuciar una y otra vez con sudor y semen…
Sí, mi maldito hombre, el dueño de mi coño escaldado bajo el roce de la polla que me quita el sueño. Allí, donde nunca has roto unas bragas cuando estás tan desesperado por enterrarte en un cuerpo femenino que con solo apartarlo no basta; donde nunca usaste un consolador para ver gemir a nadie, para ver como un coño travieso se lo tragaba entero, para disfrutarlo luego saliendo mojado, y ofreciéndolo para saborear la propia esencia de la calentura que provocas…
Sí. Átame a ese cabecero que nunca se ha meneado lo suficiente contra la pared del dormitorio molestando a los vecinos, y aferrándome la cabeza haz que me trague tu polla dura como una piedra mientras te miro fijamente, disfrutando de tus gestos de satisfacción cada vez que me la trago hasta el fondo. Oblígame a lamerte los huevos, ofrece tu culo para que lo deguste, y entierra la verga hasta los cojones en mi boca, cortándome el paso del aire. Sé rudo, sé cruel… y sobre todo, sé lascivo. Haz conmigo lo que quieras, que estoy deseando convertirme en tu fantasía viva.
Si visto igual, huelo igual y mi cabello es casi el mismo… Si saldré por la puerta y mi presencia jamás será notada, salvo por las imágenes que retengan tus pupilas de las escenas que quiero teatralizar contigo… Si aunque solo sea tu amante, tu zorra, tu maldita perra… es mi nombre, mi culo y mis tetas las que recuerdas cuando finges satisfacción mientras solo tu esposa te ofrece su cuerpo con la luz apagada. Si aunque yo duerma fuera de tu cama es mi cintura la que aferras dormido, cuando sueñas y mojas las sábanas de la cama…
Hazle a tu esposa en mi cuerpo lo que sé que deseas hacerle, y no te deja por estrecha. Para eso estoy yo, aquí, calentando el cuerpo que luego descansa en su lado hasta el alba. Yo a su marido me lo tiro en el coche, en la calle o en la sucia pared de un motel de carretera, a la hora que él tenga su puñetera polla tiesa. Y sobre todo con luz, que quiero que el recuerdo de mi cuerpo retorcido bajo el hechizo de tus dedos y tu lengua te acompañe cuando cruzas el umbral de la puerta.
Si ahora no dejo rastro… al menos déjalo tú, sobre las sábanas. Córrete en mi cuerpo, y deja que resbale, que luego ya me encargaré de recoger la leche de tu polla del cobertor de la cama con la humedad de la lengua. De la de mi coño espero que te encargues tú, antes de que me derrame, incluso antes de dejar mi olor de hembra encelada en cualquier rincón de la casa. Lame mi coño… y sécalo, tras cada orgasmo. Que a tu lado siempre está mojado, y a eso dudo que tu esposa esté acostumbrada.
Sí, querido amante. Déjame bien follada mientras la foto de tu reportaje de boda nos mira desde la mesilla de noche.

Comments 6

  1. Azotador_dementes

    Me sorprendo a mí mismo haciendo un paréntesis en mi calentura, aunque solo sea por decir que este es el relato que llevo toda mi vida buscando. Simplemente gracias…de corazón, con la polla goteando me postro ante ti para darte las gracias perpetuas.

  2. Anonymous

    Estupendo relato: Clara, concisa, excitante, preversa con la protagonista,así hay cientos incluso miles de casos en esta «puta vida» lástima que tenga un handycan, que por mucho que lo desee; y haga lo que él quiera, y quiera ser como su esposa… Siempre será la otra..!
    TONYMORENO31

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