Venganza

magela Cartas de mi Puta, Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos 1 Comment

La mente se me llena de venganza. Y la boca…

Y aquí me tienes, indecisa.

Hijo de puta, ¡me has convertido en algo que nunca pensé llegar a ser!
Indecisa no es la palabra… ciertamente. Tentada a seguir, reticente apenas. No es indecisión. Soy la putilla que quisiste sacar de mis entrañas, y ahora no sabe si pasar a mayores. ¡Y lo deseo tanto! Pervertida, al fin y al cabo… porque me dejé pervertir. Y lo disfruté a tu lado.
Te has aprovechado de mi inocencia… lo sé. ¿Cuántos años me sacas? ¿Veinte? ¿No te da reparo? No… claro que no. Y a mí me gustas así… maduro y experto, morboso y sinvergüenza. Lascivo… Mi maestro a la hora de aprender a seducir, a la hora de enseñarme a relajarme en el momento justo… y disfrutar de nuestras perversiones. De las tuyas que hiciste mías… De las mías, que voy descubriendo poco a poco.
Mi padre me partiría la cara si lo supiera.
Mi madre lloraría, sin lograr entenderlo. Esto, en su época… se llamaba de otra forma.
Y a mí me gusta tanto…
Y yo sólo quiero seguir aprendiendo de ti… ser tu puta, dejarme moldear y disfrazar de lo que quieres. Abandonarme a tus pasiones, aprender de tu madurez y experiencia.
Puta no… REPUTA.
A  ti te gusté yo así… Inocente, pero con un potencial de la hostia. Culta, con ganas de complacer, sin saber exactamente cómo hacerlo. Morbosa, pero cauta. Lo que se llamaría… morbosa para una misma, no para el resto.
Provocadora, hasta cierto punto. Poco… para tu gusto.
Por eso te hacía falta acogerme, cobijarme en la distancia, manejarme como una marioneta… enseñarme.
Mi mentor…
Cada vez que me mostrabas tu polla yo mojaba las bragas. ¿Te gusta saberlo? A mí me gusta decírtelo. Cada vez que me llegaba un regalito tuyo por correo… me moría por usarlo, pensando en ti. Para ti no… que seguro que se te ponía dura al instante y manchabas los… ¿calzoncillos? No fueses a disfrutarlo demasiado… Ninguno quería ir deprisa.
Disfrutar del momento… hacerlo perdurar. Desearnos, y no llegar jamás a vernos ni siquiera cara a cara. Pero sabiendo, cada uno, que nos faltaría aire si estuviéramos frente a frente. Escandalosos, exagerados, exhibicionistas… Menudo espectáculo íbamos a dar.
Ir deprisa es malo para nuestros juegos: A ti te gusta jugar duro… Y a mí que me enseñen las reglas me encanta. Tus reglas, por supuesto, que para eso te gustaba pervertirme. Y te gusta… que aún me llevas mucha ventaja. Y hay tanto por descubrir en mí…
¿Lo sigues disfrutando?
Eso espero. De verdad que eso espero. Y que cada vez que pienses en mí, simplemente… se te levante la polla. Dura, juguetona. Que te duelan los cojones tanto como a mí me ha ardido el coño tantas veces… maestro.
¿Por qué ponértelo fácil, cuando podía hacértelo… difícil? Si a ti te gusto igual, mejor, tal vez ser una mala alumna que una buena. Si al final he aprendido… lo que pasa es que me hago la tonta. ¿No? Puede que fingir sea una de las cosas que mejor se le da a una mujer inteligente. Y aceptar que una mujer finja, lo mejor que puede hacer un hombre elegante.
Finjo… pues. No me impresionan ya tus perversiones. No me mojas las bragas. No me atrae tu polla, ni las letras que me escribes. Tus fantasías ya no son mías, sino únicamente tuyas, y que quieras imaginarte haciéndolas realidad conmigo… no me interesa.
¿Duele?
A mí me duele tu… volatilidad…
Pero me adapto y me vengo. Me deseas tanto a mí como yo a ti, pero ninguno da el puñetero paso. ¿Me deseas empalada por tu verga en cualquier baño, o tal vez en alguno completamente imposible? ¿Me deseas en una orgía, o solo para tus manos? ¿Quieres mi rostro manchado por tu leche caliente, o solo mis gafas? Si quieres… te las mando por correo. Hazme el favor… quiero una foto cuando lo hagas…
Sí, indecisa no es la palabra exacta. Rabiosa por las circunstancias, excitada por lo que somos juntos, y por lo que hacemos por separado. Unidos en la distancia, tan cerca por nuestras perversiones. Sí, maestro… me enseñaste bien. Y ahora ya no sabes si recoger los frutos… o dejarlos tirados en el suelo. Bragas mojadas… al fin y al cabo… pueden ser olidas antes de ir a la lavadora.
Deséame…
Poco importa ya, si lo que nos une es solo una fantasía. Que te corras pensando en mí, o que se me caliente el coño cuando recibo noticias tuyas… Que una vez me desearas con locura no quiere decir que me tengas que desear siempre… pero siempre vuelves, y siempre vuelvo, a caer en el pecado. Quieres pecar… y sobre todo quieres que yo peque contigo. Llegar a lo prohibido te excita, ponerme en el filo es lo que te atrae de mí, al fin y al cabo. Soy escurridiza, igual que tú, pero al final siempre nos encontramos, y nuestros cuerpos sudorosos por vete a saber qué ejercicio desean el contacto, piel con piel, para arder con malicia.
Sí… deséame. Desea todo lo que has fomentado en mi mente, en cada acción que has desatado con la única esperanza de que te dijera que estaba excitada. O que tal vez, por muy remoto que fuera, albergaras la posibilidad de mirarme a los ojos directamente mientras desatabas en mí un magnífico orgasmo.
O como no… correrte en mis gafas.
¿Hacerlo realidad? Muy ocupado… hasta para un café en Barajas…
Indecisa por hacerte la puñeta. Eso sí. Indecisa estoy… maestro, por presentarme en la puerta de tu casa, o en la de tu trabajo, vestida como siempre me quisiste: de uniforme. Poco importa quien haya en ese momento contigo. No me harías el feo de no mirar qué había preparado para ti debajo de… mi vestimenta, ¿no?
Correrte conmigo… o correrte en mí. O… sobre mí.

No estaría mal escucharte gemir contra mi piel en ese instante, cuando todos los músculos se tensan mientras me penetras, dejando que un par de manos de amigos tuyos me tuvieran los sentidos entretenidos. No estaría nada mal acabar en un club de intercambio de parejas, sintiéndonos deseados, mientras tu boca recorre mi cuello y tu mano se esconde bajo mi falda. Ya sabes que no llevo nunca bragas, así que te lo pongo en bandeja. No, no estaría mal que mientras yo me termino la copa tu cabeza se metiera entre mis piernas, y te dedicaras con la lengua a hacer esas maravillas de las que tanto presumes. Disfrutar de tu experiencia, gemir con tus cabellos aferrados por mis dedos justo antes de correrme en tu boca. Estremecerme para tú, probarme de tus labios, dejar que me dicieras tuya, y de quien quisieras…No… no estaría nada mal hacer de tus vicios mis fantasías, de tus perversiones mi única necesidad… Pero ya sabes, maestro, que se enseña de todo. Tu alumna aprendió tus vicios, malos y buenos. Y tienes algunos realmente malos…

Tu discípula es, al final… volátil… volátil… volátil.

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