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	<title>Cartas de mi Puta</title>
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	<description>¿Lees novela erótica...?</description>
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		<title>El Fantasma de la Ópera</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Oct 2015 21:01:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Vale. Sé que es una locura, pero no me puedo resistir. No sé si es producto de la cantidad de azúcar que he ingerido mientras vigilaba al grupo de niños que acompaño esta noche, a los tres chupitos de tequila que me bebí para darme valor y salir con estas pintas a la calle, o si simplemente esa media máscara de “El fantasma de la Ópera” me ha dejado fuera de combate.</p>
<p>¡O la capa!</p>
<p>Camisa impecablemente blanca, pantalón tan negro y ajustado que no pude apartar los ojos de la obscena entrepierna que se abultaba bajo la tela, y una enorme capa oscura en plan vampiro de película antigua -no como esos de ahora, que brillan a la luz del día en vez de convertirse en polvo con los primeros rayos de sol- cerraban el atuendo.</p>
<p>Un ojo oscuro mirándome&#8230;</p>
<p>Y una caja de madera antigua, con letras en inglés pintadas a espray que creo que quieren decir “elementos de atrezo”, llena de chucherías para encandilar a los más pequeños. </p>
<p>El inglés nunca ha sido mi fuerte, y podría decir cualquier cosa.</p>
<p>“Restos de las mujeres a las que he seducido”</p>
<p>En fin&#8230;</p>
<p>El grupo que custodiamos otras cuatro mujeres y yo está compuesto por doce niños del vecindario, todos monstruosamente disfrazados y cargados hasta las trancas de azúcar. Maldita la hora en la que me dio por apuntarme a esa lista en la que solicitaban ayuda para vigilar que no se extraviara ningún enano entre casa y casa, con tanto vampirito y brujilla cruzando las calles desiertas de coches.</p>
<p>Este día la vecindad tenía por costumbre reducir a cero el transito de vehículos para que ningún niño ni padre pudiera resultar atropellado.</p>
<p>	Será divertido -me dijo mi vecina, que tenía tres niños pequeños y que al parecer no se perdía una fiesta de aquellas desde que a alguien le dio por ponerla de moda hace unos años-. Los pequeños se portan genial y te lo pasas muy bien saludando a los vecinos.</p>
<p>Y como no tengo hijos ni marido pero sí un perro que se pone a ladrar detrás de la puerta cada vez que uno de esos grupos de zombis disfrazados toca al timbre, me pareció que podía ser buena idea y estar del lado del que pide en vez de del lado en el que se dan chucherías. Todo sea por variar un poco.</p>
<p>“Rufus, esta noche te quedas solo ante el peligro. Vigila el fuerte para que no nos asalten la casa los vampiros. Y no ladres demasiado”.</p>
<p>Encresparme el pelo, pintarme los labios de negro y ponerme un vestido de esos que sólo te pones para celebrar la llegada del Año Nuevo en una fiesta muy pija y que no te volverás a enfundar porque todos tus amigos ya te lo vieron. Sí, de esos vestidos que guardas no sabes bien por qué pero que ni muerta vuelves a ponerte. ¡Jamás lucirás dos veces el mismo vestido en Fin de Año! Era uno de los mandamientos de las mujeres, y yo me lo tomaba muy en serio. Otro decía que no hay que ir de blanco a las bodas, ni de negro, y preferiblemente tampoco de rojo. Pero ese mandamiento era más complicado de cumplir cuando el rojo sentaba tan divinamente a todo el mundo. </p>
<p>Aquella noche, tras mirarme al espejo y comprobar que estaba terroríficamente divina, y tras tomarme tres copas para no echarme atrás y ponerme el pijama para repartir chocolatinas mientras bizqueaba para darle a mi atuendo algo apropiado para la noche de Halloween, abrí la puerta y me reuní con el grupo de madres que llevaría a los engendros de casa en casa.</p>
<p>Había metido en un bolso un par de huevos y unos rollos de papel higiénico, por si las moscas.</p>
<p>Era lo que se llevaba, ¿no?</p>
<p>Y allí estábamos, delante de la casa que había permanecido cerrada durante cinco años después de que los Hernández se separaran y decidieran ponerla a la venta. Y allí abrió la puerta él, para nuestra sorpresa, ya que no sabíamos que la casa volviera a estar habitada.</p>
<p>Al menos yo no lo sabía&#8230;</p>
<p>El Fantasma de la Ópera nos miró como si fuéramos el primer grupo de niños que pasaba por allí aquella noche. Muy teatral, muy apropiado&#8230;</p>
<p>Estaba muy bueno nuestro nuevo vecino&#8230;</p>
<p>	¿Es azúcar lo que habéis venido a buscar? -preguntó, con voz grave y musical, como si estuviera sobre el escenario de algún teatro y tratara de hacerse escuchar sin micrófono hasta en la última fila de asientos del gallinero.</p>
<p>Y nuestros monstruitos asintieron con la cabeza y se abalanzaron, escaleras arriba, hasta la puerta donde les esperaba el dueño de la casa con una enorme caja llena hasta arriba de golosinas.</p>
<p>La caja donde podía guardar cualquier cosa&#8230;</p>
<p>Pensé que no me vendría nada mal dejar que aquel fantasma me diera de comer alguna de las chucherías con esos dedos largos y enguantados en hilo blanco. No conseguía dejar de mirar esas manos, ágiles y fuertes, mientras llenaba las bolsas de nuestros niños.</p>
<p>“Si hay chocolate en esa caja, allá que voy&#8230;”</p>
<p>	Deja de babear, que parece que te ha dado un ictus.</p>
<p>Mi amiga, la madre de los tres pequeños demonios que ahora se peleaban por los caramelos de colores, me dio un codazo para sacarme del estado de hipnotismo en el que me había sumido mirando las manos del fantasma con capa. Le devolví el favor lanzándole una mirada asesina, echando en falta esos poderes de bruja con los que poder transformarla en un gordo y feo sapo. </p>
<p>	¡A que te echo una maldición! -exclamé, esgrimiendo con gracia mi varita mágica.</p>
<p>	Si salieras más de casa te habrías enterado de que se mudó hace quince días, y que sale a correr todas las noches a las once con unos pantalones tan ajustados que no hace falta imaginárselo desnudo. Con cambiarle el color en la mente ya le estás viendo el trasero.</p>
<p>Habría que cambiar el horario de sacar a pasear a mi perro por las noches&#8230;</p>
<p>	Si tú trabajaras en un horario tan largo como el mío no tendrías tiempo de espiar a los vecinos a través de la mirilla.</p>
<p>	¿Quién dice que lo hago a través de la mirilla? Me he acostumbrado a sacar la basura precisamente a la hora en la que pasa delante de mi casa.</p>
<p>Y ese dato se le ocurría dármelo precisamente en ese momento&#8230;</p>
<p>	Arpía&#8230;</p>
<p>Mi amiga se rió y yo volví a mirar al nuevo vecino, de rostro enigmáticamente sensual, cabello engominado hacia atrás y labios pecaminosamente seductores. Estaba tratando de encontrar una excusa para abalanzarme sobre él y quitarle la máscara cuando los enanos ya estaban bajando las escaleras a toda prisa, en pos de una nueva puerta en la que recitar lo de “Truco o Trato”. Mi amiga siguió riendo cuando comenzó a caminar detrás del grupo de niños, dejándome allí plantada, mirando al fantasma, mientras de pronto él se percataba de que había una bruja que no seguía el grupo que hasta hacía un momento asaltaba sus reservas de golosinas.</p>
<p>Me vi dejando que me levantara la falda de tul y que mordisqueara mis nalgas. Y eso que aún no había probado el sabor de sus labios&#8230; Tenía que aprender a empezar por el principio. Un “hola, ¿qué tal?” estaría bien. “Soy tu vecina de tres números más arriba. Cuando quieras podemos salir juntos a correr, aunque tendré que ir detrás porque no estoy en muy buena forma”.</p>
<p>Y así aprovecharía para mirarle el culo&#8230;</p>
<p>Pero no. En vez de eso me veía pidiéndole que me envolviera en sus brazos y me llevara directamente a su dormitorio. Que me descubriera los entresijos de su colchón mientras gemía y se enteraba todo el vecindario de que había alguien viviendo por fin -y follando también- en casa de los Hernández. Que no se desnudara para hacerlo y que no me desnudara a mí tampoco.</p>
<p>Que mi cabello terminara aún más revuelto de lo que estaba&#8230;</p>
<p>Me calé mejor el sombrero puntiagudo de bruja y agité la barita retorcida que llevaba en la mano.</p>
<p>Se inclinó con una elegante reverencia, tocándose la máscara blanca que le ocultaba la mitad del rostro con dos largos dedos.</p>
<p>Y sin más desapareció en el interior de la casa, dejando la puerta abierta.</p>
<p>Y sin más pensé que era un buen momento para preguntarle si podía usar su cuarto de baño. No era la primera vez que entraba en casa de los Hernández. Sabía que el baño quedaba, como en todas partes, al fondo&#8230; a la derecha.</p>
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		<title>Olores en piel ajena</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2015 11:08:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[<p>¿Tu piel aún no lo entiende? Has hecho cincuenta y cuatro veces la maleta… y te la he deshecho cincuenta y cuatro. ¿No te dice eso algo… a estas alturas? No, tu piel no lo entiende. Me gusta deshacer tus maletas… Sé que tratas de borrarme todas las noches, cuando no …
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¿Tu piel aún no lo entiende?</p>
<p style="text-align: justify;">Has hecho cincuenta y cuatro veces la maleta… y te la he deshecho cincuenta y cuatro. ¿No te dice eso algo… a estas alturas?</p>
<p style="text-align: justify;">No, tu piel no lo entiende.</p>
<p style="text-align: justify;">Me gusta deshacer tus maletas…</p>
<p style="text-align: justify;">Sé que tratas de borrarme todas las noches, cuando no regreso a casa de madrugada, mientras lloras y mojas las sábanas. Sé que desarmas los cajones, que tiras por las ventanas mis papeles, que te metes en la ducha y tratas de sacarte mi olor en ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Sé que te hago daño…</p>
<p style="text-align: justify;">También sabes que me importas.</p>
<p style="text-align: justify;">No me dejas porque cada pieza de ropa que metes en esa horrible y estúpida maleta tiene grabada la imagen de cuando te desnudé y las hice caer al suelo, rodando por tu piel para exponerla a mis ojos lascivos. No la cierras y la coges por el asa porque no consigues llevarte los momentos que nuestras sombras fueron dejando marcados en las paredes de mi casa, mientras apartaba tus cabellos de tu cuello para morderte en ese ángulo del hombro que te hacía perder la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">Que te hace perder la razón…</p>
<p style="text-align: justify;">No abres la puerta porque tienes demasiados recuerdos de tu cuerpo sobre esa madera maldita y gastada, sobre la que mil veces he apoyado tus nalgas desnudas, metiendo mis caderas entre las tuyas para apartar las lágrimas de angustia de tus mejillas, bebiéndomelas todas…</p>
<p style="text-align: justify;">Mil veces has tratado de huir de mí cuando llegaba a una hora que no era, de ninguna de las maneras, apropiada…</p>
<p style="text-align: justify;">Pero eso no es lo que más te destroza el alma, ¿verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">Por la mañana, tras dejar que mi lengua te recorriera entera, te hiciera gemir y estremecer, y arrancara tus penas de los ojos enrojecidos y rabiosos por la impotencia, me llevabas a la ducha. Allí me desnudabas siempre, cerrando los párpados para no mirarme y ver las marcas, pero sabiendo que estaban allí como si las estuvieras recorriendo con la yema de los dedos… Lo que no podías hacer era dejar de oler los otros perfumes que venían prendados de ella y para los que no encontrabas escapatorias… ni yo excusas.</p>
<p style="text-align: justify;">Entrabas conmigo en la ducha, abrías el grifo sin mirarme, y poniéndome de espaldas hacías correr el agua desde mis hombros a mis nalgas… llevándose las gotas sus olores.</p>
<p style="text-align: justify;">Llevándoselas a ellas. A todas. A la de siempre…</p>
<p style="text-align: justify;">Dejabas que el agua cayera, purificadora, mientras por tus mejillas volvían a correr tus lágrimas, queriendo que fueran capaces de llevarse las tristes verdades por el desagüe…</p>
<p style="text-align: justify;">Frotabas con la esponja con el olor que compraste para mí… que disimulaba el olor que dejaban las otras, observando la espuma resbalar desde los hombros a las nalgas, haciendo el giro en la curva de mi cadera, donde tantas veces te enganchabas para dejarte amar como si fueras la única…</p>
<p style="text-align: justify;">El recuerdo de ellas se iba sumidero abajo, al igual que tus lágrimas.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo deshacía, entonces, tu maleta…</p>
<p style="text-align: justify;">Cajones abiertos, papeles revueltos, sábanas rasgadas, cristales rotos por cualquier parte. Levantaba la cabeza, te miraba y extendía la mano… y tú acudías a tomarla y a llevarla a tu mejilla, para apoyar la cabeza y buscar la seguridad que se había llevado las horas oscuras de la noche a solas. Cerrabas los ojos, llorabas en silencio… y besabas mi palma abierta, saboreando el salado de tus lágrimas y las caricias que te había negado de ellas, regalándoselas a otras.</p>
<p style="text-align: justify;">Adorabas mis manos.</p>
<p style="text-align: justify;">Cincuenta y cuatro veces deshice tu maleta… y allí estaba la número cincuenta y cinco. Llena, abierta, con las prendas colocadas de cualquier manera. Me la pusiste al lado de la cama, en el suelo, donde solían reposar las ropas cuando te las arrancaba del cuerpo con ansia y hambre, delante de la puerta que nunca cerrábamos porque generábamos demasiado calor en el interior como para que nos valiera sólo abrir las puñeteras ventanas…</p>
<p style="text-align: justify;">La calle despertaba fuera… y tú no estabas dormida en la cama.</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>No me engañas… no te has ido sin la maleta-, susurré, recorriendo con la vista la alcoba revuelta, como siempre la dejabas tras el berrinche de mi ausencia.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Todos los muebles tenían encima velas encendidas, y varias varitas de incienso se consumían en retorcidas volutas de humo, llenándolo todo de cenizas. Llamas que bailaban al son que marcaba la brisa de la mañana que entraba por la ventana abierta. Fuera, sirenas con ínfulas de urgencia impregnaban el asfalto, y los trinos de los pájaros me regalaron sus mentiras alegres, enredando las notas en las ramas de los árboles que no miraba.</p>
<p style="text-align: justify;">La habitación olía a todo… menos a nosotros.</p>
<p style="text-align: justify;">En el baño corría el agua. Las sombras generadas por el baile de las llamas me condujeron por un suelo de madera mojado, donde las huellas de tus pies pasaron a pisar la cerámica blanca y negra de la greca que siempre te había enamorado, y sobre la que tantas veces cubrí tu cuerpo con el mío, al lado de la bañera, aferrando tus cabellos para que me ofrecieras tu cuello para lamerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">El grifo de la ducha estaba abierto… dejando correr el agua.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero tú estabas en la bañera.</p>
<p style="text-align: justify;">También en el lavabo había velas, y sobre el mueble de las toallas, y en las esquinas… Por todas partes titilaban las llamas. Imagino que también había incienso aunque no me puse a buscarlo. El olor era tan cargante que no entendí que pudieras respirar allí, a pesar de que estuviera también la ventana del baño abierta. Tus curvas se escapaban, rompiendo la continuidad de la superficie del agua, extrañamente blanca. Los cabellos revueltos se arremolinaban en torno a tu rostro, con los ojos cerrados y los labios deliciosamente abiertos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero tu piel era otra…</p>
<p style="text-align: justify;">Roja, arañada, raspada…</p>
<p style="text-align: justify;">Las nalgas, los muslos, el abdomen y la espalda. Los pechos, los brazos, y ese ángulo del hombro que tantos gemidos me había regalado. Incluso las mejillas estaban sonrosadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Había rastros de sangre en la esponja con la que tantas veces lavaste mi espalda…</p>
<p style="text-align: justify;">Habías frotado con ella tu cuerpo durante horas, a la luz de las velas…</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Si no consigo que huelas a mí tal vez me sirva no oler yo a ti…</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Tus palabras sonaron tan amargas…</p>
<p style="text-align: justify;">Me apoyé en el borde de la bañera exenta, esa con patas torneadas que elegimos juntos en un arrebato en un viaje a Venecia, y que sabíamos que ninguno de los dos podía permitirse de lo cara que era. Simplemente nos vimos dentro, rodeados de blanco, gozando de los placeres de la carne del otro, mientras el agua rebosaba con cada uno de los movimientos de nuestras caderas…</p>
<p style="text-align: justify;">De tus caderas cabalgando las mías, con tus pechos erizados rogando caricias que dejaban marca.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos vimos llenándola de espuma hasta dejar perdido el cuarto de baño. Tuve que reformar toda la estancia para que cupiera la puñetera bañera, y reforzar el suelo por si era tan pesada que la vieja estructura de nuestro nido -perdido en un ático desde el que la ciudad despertaba antes porque a nuestra ventana siempre acudía antes el sol de la mañana- se venía abajo y caía dejando un simpático agujero desde el que espiar a los vecinos en su cuarto de baño…</p>
<p style="text-align: justify;">Reformé sin dinero porque era nuestra bañera.</p>
<p style="text-align: justify;">Porque en ella iba a arrancarte los mayores gemidos, y tú ibas a llevarte mil veces en ella la polla a la boca.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé si ya habíamos cumplido ese objetivo y teníamos que renovar los votos. No soy hombre de llevar muchas cuentas…</p>
<p style="text-align: justify;">Mis orgasmos siempre los recuerdas tú… al igual que yo me regocijo en todos los que le arranco a tu entrepierna. ¿Quién puede enumerarlos?</p>
<p style="text-align: justify;">El agua no olía a nosotros. Era un aroma nuevo, malicioso e insultante, como lo era ahora la imagen de la maleta abierta a los pies de la cama, sobre un millón de papeles rotos, partituras y cartas que nos enviábamos para volver a conquistarnos el uno al otro… tras nuestras eternas peleas.</p>
<p style="text-align: justify;">Tu piel no olía a mí… pero eso tenía arreglo.</p>
<p style="text-align: justify;">Me diste la espalda, mostrando las nalgas perfectas saliendo de la superficie blanca del agua. La curva de tu cintura se arqueó, alejando tu piel y sumergiéndola para buscar refugio en el nuevo aroma que habías elegido para olvidarme…</p>
<p style="text-align: justify;">Para sustituirme.</p>
<p style="text-align: justify;">Llevé un dedo a tu cuello y lo hice resbalar por la espalda, marcada de rojo, donde habías despedazado la piel para arrancarme de ella con la maldita esponja. La tomé en la mano, la escurrí y la arrojé contra el rincón, derribando las velas que emponzoñaban nuestro baño con ese olor que no reconocía. Rodaron, derramaron esperma, se apagaron al poco…</p>
<p style="text-align: justify;">No era tan difícil devolver nuestro olor a nuestro baño… a nuestras pieles.</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>No vas a dejarme… no puedes.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Sumergiste la cabeza, haciendo que tus cabellos dibujaran bucles caprichosos alrededor. Me dieron ganas de aferrarlos en una cola y arrastrar tus labios a los míos, para que volvieran a saber a mí…</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en ese momento olían a otra, y seguro que también iban manchados de carmín…</p>
<p style="text-align: justify;">Sacaste la cabeza las aguas blancas, del olor que me era esquivo, y giraste el cuerpo para que admirara tus pechos tersos coronados de las deliciosas areolas que siempre me ofrecías en la boca cuando me cabalgabas, empalada hasta el alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Quise lamerlas…</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>No quiero recordarte… No quiero oler a ti.</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Quise decirte que aceptaba la apuesta. Por más que frotaras tu piel para sacarme de ella siempre encontraría la forma de volver a ella, porque a pesar de todo me querías, y porque a pesar de todo… no sabía vivir sin ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin ti…</p>
<p style="text-align: justify;">“Y con todas si duermes a mi lado…”- habría susurrado Sabina, mientras me dejaba abrazar desde la espalda, con tu pierna en mi cadera, tras follarte con la rabia del que sabe que no soy feliz en otro lado, mientras la humedad de tu sexo se secaba y mi semen manchaba las sábanas que hacían poco por cubrirnos la piel…</p>
<ul style="text-align: justify;">
<li>Cuando duermo sin ti… contigo sueño-. Las palabras que conocías, pero que tanto te dolían. No había necesidad de repetirlas. No iban a servir de nada, y me las tragué, junto con ese nuevo aroma…</li>
</ul>
<p style="text-align: justify;">Quité el tapón de la bañera, cogí el grifo de la ducha y apagué con el agua todas las velas del baño, dejando perdido el suelo. Pateé las botellas que contenían la nueva esencia y tomé de la repisa el gel que tantas veces habías usado para arrancar los restos de las otras.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando regresé a la bañera el desagüe se llevaba los últimos restos de agua blanca, y por tus mejillas habían vuelto a correr las lágrimas.</p>
<p style="text-align: justify;">Di la vuelta a la botella e hice que el gel llegara a tu piel, desde la cadera al muslo, manchándola como me gustaba hacer con mi esencia blanca en el momento de mi orgasmo. Luego los pechos, el abdomen y la espalda. Gasté el puñetero bote y lo mantuve apretado con rabia minutos después de que ya no cayera absolutamente nada de él.</p>
<p style="text-align: justify;">Oliéndote…</p>
<p style="text-align: justify;">Y tú llorando.</p>
<p style="text-align: justify;">Me despojé de las ropas y envolví tu cuerpo con el mío, dejando que volvieras a romper en llanto contra mi pecho, conteniendo las convulsiones de tu rabia con mis brazos.</p>
<p style="text-align: justify;">Oliendo a mí…</p>
<p style="text-align: justify;">Oliendo yo a lo que a ti te gustaba que oliera…</p>
<p style="text-align: justify;">Tenía que volver a deshacer otra maldita maleta. Y tal vez quemarla con las velas que permanecían encendidas en la alcoba, en la que ya reinaba la mañana… y que olía a otras personas…</p>
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		<title>El boleto</title>
		<link>http://magelagracia.com/cartasdemiputa/el-boleto/</link>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 15:38:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[amante]]></category>
		<category><![CDATA[boleto]]></category>
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		<category><![CDATA[rico]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>&#8211; ¡Dios! ¿Y qué voy a hacer con todo este dinero? Iba caminando por la acera, con el boleto de lotería en la mano, sin darme cuenta de que la gente tenía que ir apartándose de mi camino. No prestaba atención a la gente que tenía delante, ni a la …
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				<content:encoded><![CDATA[<p>&#8211;	¡Dios! ¿Y qué voy a hacer con todo este dinero? </p>
<p>Iba caminando por la acera, con el boleto de lotería en la mano, sin darme cuenta de que la gente tenía que ir apartándose de mi camino. No prestaba atención a la gente que tenía delante, ni a la que dejaba detrás y que se volvía para mirar cómo ni me disculpaba por provocar más de un accidente.</p>
<p>¿Qué se hacía con tantos millones?</p>
<p>La sonrisa dibujada en mi cara no pasaba desapercibida cuando la gente casi chocaba conmigo, pero si pisé a alguien, si dejé atrás a algún herido, o si los coches frenaron estrepitosamente cuando crucé los pasos de peatones sin un rumbo concreto no puedo asegurarlo. Acababa de salir del despacho de loterías y no me había planteado volver a casa. </p>
<p>¿Y dónde había ido a parar?</p>
<p>Levanté la vista, con la misma cara de éxtasis que debía tener tras un buen polvo –o probablemente tras veinte orgasmos seguidos-, y me encontré con la playa de frente. Avenida hacia izquierda y derecha, y el infinito mar azul delante de mis narices.</p>
<p>&#8211;	Me puedo comprar un velero…</p>
<p>La  mente se me llenó de imágenes de bañadores blancos y pamelas enormes, con copas de cava sobre una cubierta de madera de teka. No había terminado de dibujar el barco cuando de pronto preferí un yate enorme, con un capitán fornido vestido de uniforme que sólo tuviera ojos para mí, y que estuviera deseando acudir a mi camarote por las noches para planear el siguiente rumbo, mientras metía la cabeza entre mis piernas y me hacía gemir mientras yo elegía, sin la cabeza demasiado centrada, si deseaba una escala en Italia o en Grecia.</p>
<p>&#8211;	Me puedo comprar un apartamento en cada ciudad costera que visite…</p>
<p>Al girarme encontré la hilera de casas que se impregnaban del salitre de la estampa. Viviendas rectas, con enormes terrazas acristaladas, toldos blancos y hamacas de madera y ratán. Imaginé una cama con vistas al océano, decorada de blanco y azul, con cuadros en las paredes que yo misma habría pintado en mis ratos de ocio. Imaginé una colcha calada, como si de una red de pesca se tratase, con mi cuerpo desparramado sobre ella, y la piel de mi amante perfilada a mi lado, terminando de estremecerse bajo los estertores del orgasmo.</p>
<p>Una cama en cada puerto… y un amante distinto para rellenarla cada vez que abriera la puerta.</p>
<p>Sin darme cuenta bajé los tres escalones que me separaban de la arena y enterré los tacones en ella. Mientras avanzaba pensé que no me hacía falta tener una casa en cada sitio que visitara, sino una estupenda habitación de hotel siempre dispuesta a recibirme. Los números del boleto rondaban mi cabeza, y me vi  en las lujosas recepciones, frente a un elegante y apuesto recepcionista, solicitando las suites que terminaran en los números que me habían hecho ser tremendamente rica. </p>
<p>O exigiendo que le cambiaran los números a la suite que yo quería, con vistas al mar… ¿Cuánto podía costar cambiarle el cartel a las habitaciones? No importaba… podría pagar esos ridículos numeritos que adornaban las puertas de las habitaciones. ¡O tener siempre de repuesto cuando viajara, guardados en la maleta! Me imaginé sujetando al recepcionista de la corbata, y al de mantenimiento, de paso, de los tirantes del pantalón, para llevarlos delante de la puerta e indicando que pusieran los números nuevos, y que los esperaba dentro llenando el jacuzzi de espuma.</p>
<p>&#8211;	¿En qué se gastan los ricos tanto dinero?</p>
<p>Fiestas nocturnas. Eventos benéficos. Vueltas al mundo sin rumbo establecido. Interminables puestas de sol leyendo algún libro acostada cerca del borde de la piscina donde me encontrara el atardecer aquel día…</p>
<p>Hombres que se desvivirían por acompañarme en el crepúsculo, marcando pectorales bronceados. Hombres que se darían codazos para hacerse un hueco a mi lado cuando llamara al ascensor, deseando ser el elegido que llevara directo a mi cuarto de baño para que mimara mi piel con el jabón antes  de dejar que la lamiera entera.</p>
<p>Hombres que se dejarían comprar con todo aquel dinero.</p>
<p>Me dejé caer en la arena de la playa, con el boleto aún entre los dedos. El grueso y tosco papel se agitó por la brisa marina, y seguí sonriendo mientras repasaba los números que resaltaban en negro.</p>
<p>&#8211;	¿En qué me voy a gastar tanto dinero?</p>
<p>Ya sólo faltaba esperar al sorteo…</p>
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		<title>Confesar un fetiche: Infidelidad</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 00:52:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[fantasias]]></category>
		<category><![CDATA[infidelidad]]></category>
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		<category><![CDATA[mamada]]></category>
		<category><![CDATA[polla]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>El primer paso para afrontar un problema es reconocer que lo tienes. Yo, que de un tiempo a esta parte tengo la extraña virtud de atraer a personas que me los cuentan, me encontré el otro día con una mujer que se dispuso a hablarme del suyo. Sin pelos en …
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]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El primer paso para afrontar un problema es reconocer que lo tienes. Yo, que de un tiempo a esta parte tengo la extraña virtud de atraer a personas que me los cuentan, me encontré el otro día con una mujer que se dispuso a hablarme del suyo. Sin pelos en la lengua, y con dos tazas de café entre nosotras, me dijo que era infiel.</p>
<p>La diferencia entre esa historia y cualquier otra era sin duda la protagonista, aunque no iba a negar que mi imaginación no hiciera nada para que de repente estuviera allí sentada, en el sillón de la consulta de mi psiquiatra, contando la historia de otra mujer. Me impactó su franqueza al hablarme, esa forma tan intensa de mirarme mientras lo hacía, ese rubor que vestía sus mejillas al recordar algunas cosas, y el hecho de que cuando hablaba de cosas muy íntimas siempre se le erizaba la piel de los brazos… y de los muslos.</p>
<p>No me contaba patrañas, me desvelaba verdades.</p>
<p>No era que le gustara el sexo más que a otras mujeres. Lo que la excitaba era la infidelidad.</p>
<p>Para mí fue todo un descubrimiento. Había escuchado historias de hombre y mujeres que vivían siempre pensando en sexo. Hacía algunos años lo consideraba una enfermedad. Ahora, que ya no me chupaba el dedo, entendía que la gente estuviera más dispuesta a llevarse cosas buenas de la vida que las malas, y que si podían echar un buen polvo con la persona que en ese momento pareciera oportuna lo hicieran sin prejuicios. Al fin y al cabo, no debía importar que a mí me pareciera mal que la mujer que cogía el autobús todos los días en la misma parada que yo se abriera de piernas para dejarse empalar por una verga distinta cada noche. Ella no iba a disfrutar menos cuando su amante se le pusiera a horcajadas sobre la cabeza, y con apremio, le embistiera sobre los labios meneando las caderas, llenándole la boca con su carne, y los oídos con sus jadeos de placer. A esa mujer que me acompañaba hasta el trabajo todos los días en el autobús le importaba poco si a mí me parecía denigrante que su amante decidiera sacar la polla en el último momento y se le antojara correrse sobre su rostro, desfigurado por el deseo. A ella podía gustarle sentirse marcada, excitada al notar el abandono de su macho en ese sublime instante, en el que sólo estaban ellos y sus vicios.</p>
<p>El sexo estaba libre de prejuicios. Sólo entendía de deseo, desenfreno, y muchas veces, excesos. Perderse en la pasión y las fantasías nunca podía ser malo, si los dos disfrutaban.</p>
<p>Pero aquello era distinto…</p>
<p>Mi interlocutora no me contó que le gustara el sexo. Me hizo sentir lo que ella sentía, y era el morbo de ser pecadora. Mala mujer, mala novia… El deseo de estar con otros hombres que no fueran su pareja.</p>
<p>Encenderse, perder la razón, follar como un animal con el hombre elegido.</p>
<p>Mis conocimientos sobre infidelidad hasta aquel momento se reducían a un par de historias contadas por mis amigas en la adolescencia, y a una vez que me morreé en la última fila de la sala de un cine, con un compañero de clases en la universidad, teniendo yo pareja estable desde hacía dos años. En ese momento, en el que me sentía confesora de pecados de la mujer con el alma más negra del mundo, me vino a la cabeza, y a la entrepierna, el momento en el que aquel chico me puso la mano encima de la rodilla, y la dejó interminables minutos quieta. Mis ojos dejaron de prestarle atención a la pantalla, y la respiración se volvió tan entrecortada que supongo que tuve que parecerle muy cómica a mi acompañante. Me tentó, me dejó que le diera alas, y eso hice.</p>
<p>No le quité la mano.</p>
<p>Mi cuerpo ardió todo ese tiempo, esperando que sus dedos recorrieran el camino en ascenso hasta el muslo, del muslo al interior de las piernas, y allí se perdieran en la humedad que me moría porque encontrara. Me sentí hervir, mala, sabiendo que aquello no era correcto, pero que sin embargo lo necesitaba tanto como el agua que bebía todos los días.</p>
<p>Y en aquel momento tenía la garganta tremendamente seca.</p>
<p>También mientras escuchaba los relatos de la mujer pecadora. Los jadeos tienen ese molesto efecto. Te dejan sin saliva en la boca…</p>
<p>Y yo, cada vez que jadeaba, me imaginaba depositando mucha saliva en la polla del hombre que me producía el jadeo. No entendía muy bien el motivo por el que mi mente siempre dibujaba una mujer de rodillas delante de un tío, con su polla llegándole hasta lo más profundo de la boca, cuando pensaba en infidelidad. Las conexiones que hacía mi cabeza para llegar a esa escena eran un misterio, y probablemente mereciera la pena que algún día se lo comentara a mi psiquiatra.</p>
<p>Mi interlocutora hablando. Yo con la imagen de la mano de aquel chico en mi rodilla, y mi psiquiatra escuchando todo aquel barullo que salía de la garganta, que estaba nuevamente seca.</p>
<p>&#8211; Céntrate-, me exigió mi loquera, que con tanto salto temporal se había quedado pensando que el chico del cine tenía algo que ver con la mujer que había vuelto mi mundo del revés-. ¿Qué quieres contarme primero?</p>
<p>No lo sabía…</p>
<p>Cerré los ojos y respiré profundamente varias veces. La mano de aquel chico estaba aún sobre mi rodilla, perdida en algún pasaje de mi adolescencia que no había conseguido superar. El relato de la mala novia lo había sacado a flote, y necesitaba entender por qué me tenía tan cachonda la idea de ponerle ahora los cuernos a mi marido, tras diez años de feliz matrimonio.</p>
<p>Sí, por eso estaba en la consulta de la psiquiatra. No iba a ser porque me gustara pagarle para contarle historias morbosas de mis conocidas depravadas.</p>
<p>La mano de aquel chico, el calor que casi quemaba, la sensación de que si no me metía un par de dedos entre los labios bajos moriría… Contar los latidos que se podían oír a través de la piel encendida.</p>
<p>Deseo. Pérdida de control. Pérdida de los valores.</p>
<p>Sólo deseo…</p>
<p>La mano dejó que los dedos empezaran a ascender por una piel anhelante de caricias. Las yemas apenas rozaron mi muslo, apartando tela de la falda al hacerlo. Cada trozo conquistado fue erizándose bajo su contacto, rindiéndose ante el enemigo. Y cada centímetro se mantuvo a la espera, rogando para que no se detuviera el avance.</p>
<p>La mano llegó a la cadera, y en un movimiento que me recordaba demasiado a la película de Dirty Dancing en el baile final de los actores, sus dedos subieron hasta rozar el pecho, desviándose hacia la clavícula, y perdiéndose en los placeres del cuello.</p>
<p>Toda su mano abierta amoldándose a la curvatura, haciéndola suya.</p>
<p>En ese momento cerré los ojos.</p>
<p>Y justo en ese instante su boca tomó posesión de mi boca, en un beso tan obsceno que nunca había podido olvidarlo. Y mientras su lengua pugnó con la mía por la titularidad del espacio, y los labios no perdían tiempo en las mariconadas de las caricias, su mano fue cerrándose cada vez más sobre el cuello, imponiendo su voluntad, haciéndome suya.</p>
<p>Creo que desde ese momento soy un poco sumisa…</p>
<p>Fue lo más excitante que había hecho en la vida en temas sexuales. El resto, por más placentero que hubiera sido, no había podido calentarme tanto.</p>
<p>Por ello, cuando escuché a la novia infiel decirme que disfrutaba únicamente de las relaciones sexuales cuando le ponía los cuernos a su pareja, mi mundo había quedado patas arriba.</p>
<p>Cualquier hombre ahora me parecía lo más deseable del mundo, y me encontraba muchos al cabo de las horas en el trabajo. Desde aquel día vivía intranquila, viendo entrar a los respetables padres de familia de mi vecindario en mi establecimiento, a comprar pan, y yo deseando llevarlos a rastras a la parte de atrás, donde mezclaba bien de mañana las proporciones justas de ingredientes para conseguir la primera hornada, antes de clarear el día. Mi marido, a aquella hora, aún no habría abandonado nuestra cama, donde habíamos dormido abrazados, él soñando conmigo, y yo soñando con otros…</p>
<p>Deseaba follarme a cualquier hombre que entrara por la puerta. Me daba igual si se lo levantaba a alguna esposa abnegada, o si estaba soltero y vivía de ir follando de cama en cama en cuando se ponía el sol. Los miraba, veía sus manos alargarse para coger el cartucho de pan calentito que yo les tendía, e imaginaba esas manos aferradas a mi cuello, mientras me ponía de rodillas y el caballero, hasta ese momento muy correcto, empezaba a llamarme puta por estar loca por meterme su enorme polla en la boca.</p>
<p>Y recorrerla con la lengua una y otra vez…</p>
<p>Sin descanso. Hasta que se me corriera en la cara. Y sintiera resbalar su leche por mis labios, y goteara manchando el suelo.</p>
<p>&#8211; Entonces, ¿vamos a hablar de ti o de ella?</p>
<p>Volví a cerrar los ojos. Inspiré otra vez varias veces seguidas, y sentí el calor subiéndome de la entrepierna hasta el rostro. Deseaba hablar de aquella mujer, que había pedido dos cafés a un camarero la mar de apuesto para tenerme atada a una silla que no me permitía coger una postura cómoda para escucharla. Cuando vino el camarero ni le presté atención. Pero eso fue antes de ver la infidelidad con los ojos con los que la veía ella.</p>
<p>Cuando le pedimos la cuenta estaba loca por follármelo encima de la barra, junto al surtidor de cervezas.</p>
<p>Y ella lo sabía.</p>
<p>Me habría acercado a él, y le habría dicho que la propina había que ganársela. Ciertamente era una frase bastante mala, pero justo en aquel momento estaba descubriendo lo que me había excitado siempre y que no me había atrevido a confesarme a mí misma. El hecho de que de pronto me diera cuenta de que me atraía enormemente la idea de serle infiel a alguien me hacía sentir sucia, mala persona, perversa…</p>
<p>Y precisamente en esas cosas estuve pensando, mientras me comía con la vista al camarero, imaginándome yendo hacia él, levantándome la falda y ofreciéndole mi culo, sin estrenar. Fantasías muy sucias, como serle infiel a mi marido. Y cosas prohibidas, como dejarme sodomizar por un desconocido, ya que nunca antes se habían atrevido a ponerme un dedo en ese orificio… y menos la polla.</p>
<p>Pues estuve muy tentada de separarme las nalgas para él, y pedirle que hiciera los honores.</p>
<p>Mientras la adúltera seguía contándome sus andanzas yo me dejé llevar, y en mi mente el camarero me introdujo un dedo ensalivado justo antes de sacarse la verga por la bragueta, apuntar a mi agujero y presionar con ella aún aferrada con la mano. Gimió y grité al tiempo, pero no frenó en su intrusión hasta que la enorme polla me hubo dejado el culo completamente abierto, dolorido y estrenado por fin. Aún dolía cuando me aferró por las caderas, se retiró hasta sacarla entera, dejando el capullo apenas apoyado en la entrada. Y siguió doliendo con el siguiente empujón, potente y rudo, con el que desplazó mi cuerpo y mi moralidad, dejando sus huevos estrujados contra la piel de mis nalgas. Cada empellón que me dio para llegarme hasta el fondo después, retirándose hasta hacerme sentir vacía, para luego arremeter sus estocadas nuevamente, me hicieron perder el poco pudor que me quedaba. El chocar su cuerpo con el mío, regalándome ese sonido tan propio de películas porno que en mi vida había escuchado en la cama con mi marido, y sus gemidos al tiempo, me tenían absorta. El dolor de sentirme el culo perforado atenuaba la sensación de culpa por estar dejándome follar por un hombre que no era mi amante esposo. Y lo hacía aún más excitante, ya que no era solamente el hecho se ser infiel, sino entregando esa parte de mi sexualidad que jamás había pensado que llegaría a explorar.</p>
<p>Sexo anal regalado a un hombre que tal vez no se lo merecía, y que siempre le había negado al que dormía en mi cama.</p>
<p>Mi primera infidelidad, y la primera vez que me dejaba follar el culo. Y lo cierto era que, en mi mente, me estaban gustando ambos.</p>
<p>Aunque ambos dolieran…</p>
<p>La infiel seguía hablando, y yo entre sorbitos de café me sentía empotrar contra la barra del bar, con las manos aferrando la superficie de madera, para no caer al suelo mientras el camarero me seguía follando la retaguardia. Entrando y saliendo sin descanso. Dilatándome tanto que cuando al fin se clavó y dio  paso a su enorme corrida, llenándome entera de leche espesa y caliente, hacía tiempo que no me molestaban sus embestidas.</p>
<p>Mi primera infidelidad real… aunque fuera una fantasía.</p>
<p>Ser infiel. Ese término tan horrible que hacía que cada vez que pensábamos en que nuestra pareja nos pusiera los cuernos nos temblaban las piernas y nos llenaba la cabeza de inseguridades y angustias.</p>
<p>Y nos inundaba de morbo pensar en ser nosotros los infieles.</p>
<p>Nunca me imaginé descubriendo que mi marido tenía una amante. Pero era verdad que al pensar de joven que algún novio podía estar siéndome infiel me hacía sentir sumamente pequeña. Y no me gustaba esa sensación. Con tener que mirar a las personas alzando la cabeza por mi corta estatura ya tenía bastante. La angustia de vigilar a alguien porque temes que esté follándose a otra, temiendo descubrir que es verdad pero deseando hacerlo también para terminar con toda aquella vorágine que se metía en la cabeza y que no la abandonaba ni un instante, no me era desconocida. De joven había ido detrás de mis novios al salir de clase, esperando encontrar algo que me abriera los ojos, o me dejara tranquila.</p>
<p>Pero eso no me había pasado con mi esposo.</p>
<p>Y dudaba mucho que él se imaginara, tumbado en su cama a las cinco de la mañana, que yo estaba fantaseando con abrir la puerta, subir la reja, y pedirle al repartidor de los periódicos que llegaba a las seis de la mañana que entrara a llenarme la boca de carne palpitante y dura. Y todas las mañanas luchaba con la idea de rozarle la bragueta al coger el mazo de papeles que me tendía, para que se tomara la libertad de subirme la falda, me empotrara contra el mostrador de los dulces, y me hiciera jadear con cada arremetida de su verga, con las manos marcando mis nalgas redondas, y los pantalones en los tobillos dejándole pocos movimientos.</p>
<p>Los justos que yo necesitaba, en verdad.</p>
<p>Adelante y atrás, adelante y atrás.</p>
<p>Sin pausa, follándome duro, con el morbo del que no se esperaba compartir sudores y chocar de cuerpos a horas tan intempestivas, ni con la mujer que cada mañana te invitaba a un pastelito de nata por el favor de colocar los fardos de periódicos en su sitio en vez de dejarlos en la puerta.</p>
<p>Sí, la infidelidad. Bendito tesoro para quien la practica, maldita condena para quien la sufre.</p>
<p>El repartidor de los periódicos tal vez no pensara en aquel momento que le estaba siendo infiel a alguien, o que contribuía a que yo, la panadera, me regodeara en el hecho de serlo, aquella misma mañana con él, más tarde con el que me traía el café, y durante la mañana con los cientos de clientes que veían buscando pan y yo quería entregarles mucho más que harina.</p>
<p>Ninguno pensaba en lo que hacía en ese momento&#8230; salvo los que lo planeábamos buscando precisamente el hecho de sentirnos malas y odiosas, temerosas de ser descubiertas y a la vez deseosas de ser espiadas por el oficial, con la verga en la mano, machacándosela sin saber muy bien qué era lo que de aquellas rocambolescas histórias  conseguía ponerle tiesa la polla.</p>
<p>Sí&#8230; que llegara el lechero y lo recibiera sólo con el minúsculo delantal, con el cuerpo cubierto de harina, y sin bragas que taparan las redondeces de mis nalgas. Mojarme la palma de la mano en leche, y ponerla sobre la piel, para que viera como perdía la harina dibujándose el contorno de los dedos, y los chorretones del líquido blanco muslo abajo, buscando el tobillo y el zapato de tacón de aguja. Confesarle al lechero donde necesitaba que me dejara la leche&#8230;</p>
<p>O pedirle una muestra antes de pagarle, por si resultaba que no me gustaba su sabor al resbalarme por la lengua, antes de tragarla&#8230;</p>
<p>Aquella mujer, malvada novia, me dijo que no le daba morbo follarse a los hombres sin tener pareja. Ella, cada vez que la dejaba un novio, corría a emparejarse nuevamente para sentirse infiel follándose a todo el que se le antojaba. Necesitaba ese anillo en el dedo para poder disfrutar de la sensación de traición que le hacía brillar los ojos cada vez que aferraba una verga en la mano para guiarla entre sus piernas abiertas. Y cada vez que el novio de turno descubría que se pasaba la noche gozando de tantas vergas como podía, la ponía de puta para arriba y la mandaba al carajo.</p>
<p>Y ella, sin perder la compostura, aquella misma noche se vestía con su disfraz de novia formal, para volver a salir de caza.</p>
<p>No podía estar sin novio…</p>
<p>No le excitaba follar sin tener que rezar por las mañanas para que alguien le perdonara sus pecados.</p>
<p>El placer lo encontraba, simplemente, en la traición impuesta en forma de una enorme polla perforando un coño mientras ambos sabían que estaba mal visto. El morbo aparecía cuando en la cama esperaba otra persona, que se preguntaba qué estaría haciendo la pareja… y si lo estaba haciendo sola. Saberse mala, sentirse una puta, hacer daño a posta.</p>
<p>Había morbos con muy mala leche.</p>
<p>Ya me podía haber tocado a mí un fetichismo de los normalitos, como que me gustara que me follaran atada a una cama, ofrecida a los deseos del dueño de las cuerdas. O los deseos de dos… o de tres…</p>
<p>Volví a coger aire.</p>
<p>¿Estaba preparada para hablar de mí?</p>
<p>¿Saldría de mi boca un razonamiento claro de mi problema, de mi necesidad, de mi excitación? ¿O simplemente discurrirían las palabras sin orden ni concierto, poniéndome en la frente una etiqueta marcada a fuego que dijera que era una hija de la gran puta? Miré a mi psiquiatra, que me observaba desde el otro lado de su ancha mesa. Perfectamente serviría para tumbarse en ella y desordenar los papeles e historiales de pacientes, en compañía de otro cuerpo restregándose contra el mío.</p>
<p>Menos mal que la psiquiatra era mujer…</p>
<p>Me levanté del asiento. Por más que respiré hondo no encontré la paz para empezar a vocalizar lo que necesita exteriorizar. Aún no estaba preparada para asumir que tenía un problema.</p>
<p>O pudiera ser que el problema no lo tuviera aún. Si no le había separado las piernas a nadie más que a mí marido no estaba haciendo daño a nadie… aunque me excitara solamente pensando que me estaba follando a otro en nuestra cama, y que él venía de camino del trabajo y entraría en cualquier momento por la puerta. Me encontraría con las piernas colocadas sobre los hombros del amante de turno, y su polla llegándome a lo más profundo de las entrañas. Acoplado a mí, enterrado en mis carnes, y yo atrapada sin remedio por el morbo y el deseo&#8230; y su cuerpo y el colchón sudado de nuestra cama. Podría ser que en el rostro aún estuvieran los restos de su primera corrida&#8230;</p>
<p>Sí, probablemente no tenía aún un problema, puesto que no le había sido infiel a mi marido.</p>
<p>De lo que no estaba segura era de si conseguiría seguir siendo una mujer decente después de pasar otra vez a la salita de espera para pedir nueva cita con la secretaria, y ver el modo en el que me miraba el macho que, cruzado de piernas y con una revista de coches en las manos, esperaba su turno para ser atendido por la doctora.</p>
<p>Mal aprovechamiento de aquella enorme mesa de despacho, que podría haber sido testigo de la primera mamada a un completo desconocido, en presencia de la doctora, para que entendiera de primera mano mis fantasías…</p>
<p>… Y con la imagen de mi devoto esposo, entrando por la puerta, viniendo a buscarme para que no tuviera que volver a casa en el autobús, con malas compañías.</p>
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		<title>Foie para cenar</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Oct 2014 18:58:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Toda la mañana comiendo chocolate. Y no foie&#8230; Acababa de abrir mi segunda tableta cuando sonó el teléfono. Era una buena amiga mía, preocupada porque no había dado señales de vida desde el viernes por la noche. Y ya era martes… La despaché rápido, mucho más de lo que merecía …
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				<content:encoded><![CDATA[<div>Toda la mañana comiendo chocolate. Y no foie&#8230;</div>
<div></div>
<div>Acababa de abrir mi segunda tableta cuando sonó el teléfono. Era una buena amiga mía, preocupada porque no había dado señales de vida desde el viernes por la noche. Y ya era martes…</div>
<div></div>
<div>La despaché rápido, mucho más de lo que merecía tras estar desaparecida cuatro días sin contestar a sus mensajes. Pero es que hablar con la boca llena del goloso alimento, y conseguir no babear al hacerlo, no era lo recomendable.</div>
<div></div>
<div>Necesitaba chocolate porque andaba excitada desde el viernes. Porque había conocido a un hombre muy atractivo esa noche, y no había tenido el valor de irme con él. Tal vez eso había sido lo más sensato, pero tener la mente tranquila no hacía que se calmara mi entrepierna.</div>
<div></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->¿Seguro que estás bien?- me había preguntado mi amiga, al otro lado de la línea telefónica.</div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->Todo lo bien que se puede estar cuando te sientes una completa imbécil-, le había contestado yo, tratando de tragar el chocolate antes de hacerlo-. Tranquila, se me pasará en cuanto eche un buen polvo.</div>
<div></div>
<div>El problema radicaba en que no estaba segura de ello. Mi novio nunca había conseguido excitarme tanto, y eso que a fuerza de insistir en acostarnos al final había resultado ser un buen comensal entre mis piernas.</div>
<div></div>
<div>Pero aquel hombre, sin apenas rozarme, había hipnotizado mis sentidos. Mi oído se quedó prendado de sus palabras, obscenas y viciosas. Encendió mi mente con tanta rapidez que me derribó las defensas sin apenas haberlas levantado.</div>
<div></div>
<div>Llevaba suspirando por él desde el viernes por la noche.</div>
<div></div>
<div>Había puesto la televisión, sin ganas de ver nada. Había intentado leer, pero con escaso avance por las páginas del libro. Había ido a trabajar, pero no había sido nada productiva. Y había intentado dormir, pero me pasaba las horas llevándome la mano a la entrepierna, buscando el desahogo de un orgasmo.</div>
<div></div>
<div>Pero, aunque me corría, seguía sintiéndome vacía.</div>
<div></div>
<div>A poco que me despistara lo tenía metido en la mente. Alto, atractivo, musculado, elegante… ¿Por qué habían hombres así? Hecho para el pecado, sin duda alguna. El demonio lo había creado para llevarse las almas de las chicas tontas como yo al infierno. Y la mía tenía muchas ganas de perderse entre las brasas, con tal de ser poseída por semejante hombre. Total… si de perder la cabeza se trataba, mejor pasar la eternidad rodeada de tentaciones malsanas, gemidos y piel marcada a base de arañazos y esperma.</div>
<div></div>
<div>Menos mal que mi mente, de vez en cuando, reaccionaba y me daba un bofetón bien merecido. Aquel desconocido podría haber sido cualquier demente, un pervertido, el mayor asesino en serie jamás capturado, o cualquiera de las ideas atroces que me pudieran pasar por la cabeza. Haberlo seguido hasta su moto podía haber sido una locura; haber aceptado el segundo casco, haber abierto las piernas para encajarlas a ambos lados de su cuerpo y aferrarlo en el momento en el que se pusiera en marcha…</div>
<div></div>
<div>Más chocolate.</div>
<div></div>
<div>La sensación de sentir arder el cuerpo es agradable al principio, pero muy molesta cuando llevas ardiendo varios días. No había aerobic en el gimnasio para tanto chocolate. Y yo hacía un par de semanas que no pisaba el gimnasio. Mi amiga opinaba que ese era uno de los problemas, que no conseguía canalizar el exceso de energía de forma adecuada. Ella y su misticismo. Yo pensaba, simplemente, que necesitaba la boca de aquel hombre haciendo su trabajo en los puntos de mi anatomía más necesitados de atenciones.</div>
<div></div>
<div>Y, el más importante, era mi oído.</div>
<div></div>
<div>Adoro el sexo en el que un hombre te seduce con el habla. Me embauca una buena conversación, una palabra zalamera, una lengua revoltosa dentro de la boca, acariciando las letras al dejarlas escapar de entre los labios. Una lengua que poder imaginar mientras me seduce. Una lengua que se empecina en marcar senderos de saliva por la piel encendida. Y una boca cubriendo los pezones, mientras los dedos viriles se introducen en la mía, buscando que los chupe.</div>
<div></div>
<div>Era normal que no me estuviera concentrando en el trabajo, si no conseguía apartarlo de mi mente. Sus pantalones ceñidos a la cintura, marcando su virilidad, y sobre todo sus nalgas duras y contorneadas, me perseguían por todas las estancias de la tienda, acosándome con cada arruga de tela, con cada sombra, con cada bulto… Aquella noche la chaqueta la llevaba ajustada, imagino que como la suelen llevar los moteros. Bajo ella, una camisa perfectamente planchada, con las mangas recogidas a la altura del codo, se tensaba con sus movimientos mientras cambiaba de postura al revolotear a mi alrededor, en modo acoso y derribo.</div>
<div></div>
<div>¡Y vaya si me había derribado!</div>
<div></div>
<div>La verdad era que me encantaban los hombres maduros. Rondaba los cuarenta, con alguna que otra cana en el cabello, perfectamente peinado a pesar de haber llevado el casco puesto. La presencia de ejecutivo conquistador lo hacía prácticamente irresistible. Asequible, no como los ricachones que se empeñaban en describir las escritoras de moda. Un hombre con el que te puedes encontrar en el supermercado, vestido con vaqueros, eligiendo un buen vino y algo de foie para cocinar esa misma noche, únicamente con un delantal puesto. Un sibarita que se cuidaba, que le gustaba seducir, que disfrutaba con las cosas buenas sin llegar al despilfarro.</div>
<div></div>
<div>Un hombre que te sujetaba los brazos en la espalda mientras te follaba a cuatro patas.</div>
<div></div>
<div>Más chocolate. ¡Mierda! Se había terminado.</div>
<div></div>
<div>Pensando en que debiera vestirme para ir a la tienda en busca de más, y no de foie precisamente. Y, seduciendome la idea de preparar una buena cena, rodé por la cama hasta quedar boca arriba. Mi respiración seguía agitada, como los cuatro días anteriores. La piel quemaba y la boca continuaba con ese sabor amargo producido por la decepción. Y el arrepentimiento. Porque, no podía engañarme… me arrepentía de no haberlo acompañado esa noche. Mi sibarita truhan no tenía pinta de ser un asesino en serie. Aunque a aquellas alturas de cocción a fuego lento que llevaba por mi calentura poco me habría importado que me hiciera un par de cortecillos de nada si mientras me iba rellenando con su polla las entrañas.</div>
<div></div>
<div>Me levanté como un resorte con la idea en la cabeza. Ciertamente tenía que escapar de aquel círculo vicioso en el que se había convertido mi vida desde la otra noche. Un hombre no podía hundirme la moral por muy guapo que fuera, y por muy bien que cocinara el maldito foie, luciendo trasero desnudo y apetecible entre las telas de un delantal tan negro como sus cabellos.</div>
<div></div>
<div>Chocolate. Chocolate. Chocolate…</div>
<div></div>
<div>Me quité el pijama de Snoopy. Sí, ¿algún problema con el perrillo? En casa me pongo cosas ridículas; cuando salgo a la calle es otra cosa. Me enfundé a la carrera un vestidito veraniego de lo más sexy para salir de mi casa. Mis padres estaban de viaje y yo había heredado el fuerte, y lo protegía como mejor sabía: no dejando que ardiera la casa. Y lo único que se me ocurrió, saliendo por la puerta con algo de dinero en la mano, fue mirar si dejaba abierta la llave del gas.</div>
<div></div>
<div>Bajé por las escaleras de forma casi atropellada, y en un momento me vi en la calle. La tienda de barrio a la que pensaba ir estaba a una manzana de mi portal, por lo que me dispuse a disfrutar del aire fresco de la tarde y a tratar de apartar de mi mente al dandi salido del averno. Pero me resultó imposible. En la entrada del establecimiento de ultramarinos me detuve, y cerré los ojos para dejar que mis fantasías cobraran vida una vez más. Mi adonis estaba en el mostrador de refrigerados, con el paquete de foie en la mano, y una botella de vino nada barata en la otra. Se me antojó imaginarlo curioseando también una pieza de queso, y algo de pan para terminar de completar el menú de la noche.</div>
<div></div>
<div>No pude recrearme en la vestimenta de mi fantasía, porque eso de pasar un rato en la puerta de una tienda, mirando con cara de lela sin haber nadie donde miras no tenía que ser buena señal. Y sin perder de vista mi objetivo entré en el establecimiento, pasando de largo de la zona de refrigerados, donde el aura del diablo hecho hombre continuaba llenando el espacio. Me hice con un par de tabletas de chocolate, y ya me dirigía la zona de caja para pagar cuando necesité dar media vuelta e ir a ver cuánto valía la condenada tarrina de foie. Menos mal que junto con las monedas sueltas había cogido también la tarjeta de crédito.</div>
<div></div>
<div>Al volver a casa portaba en una bolsa de papel tres paquetes de chocolate con leche extrafino, y sin almendras, que engordan. También llevaba una botella de vino que seguramente no sabría apreciar, una cuña de queso que tenía casi más años que yo, y una porción de un foie carísimo que probablemente estropearía nada más encender el fuego de la cocina, ya que en la vida lo había preparado. También llevaba pan, pero era de lo normalito que se solía comprar en una tienda los martes por la tarde.</div>
<div></div>
<div>Al entrar en casa volvió a mí la sensación de pesar. Me estaba dando cuenta de que estar encerrada era mucho más estresante que andar haciendo cualquier cosa. Sobre la mesa del comedor, al lado de la entrada, estaba aún el pequeño bolso con las tres cosas que solía llevarme cuando salía de noche. Junto a ellas, compartiendo espacio, estaba la tarjeta que el diablo me había entregado, con su número de teléfono.</div>
<div></div>
<div>El demonio siempre sabe como tentarte…</div>
<div></div>
<div>No me había atrevido a coger el bolso y sacar la tarjeta. Tenía miedo de no ser capaz de controlar el impulso de coger el teléfono y marcar su número. Y allí había continuado, sepultado con todo lo que se me ocurrió echarle encima para verlo poco. Pero, como en ese cuento en el que se sepulta un cadáver y el latido del corazón te atormenta, y te hace enloquecer, a mí aquella maldita tarjeta me pedía que la tomara, a veces con palabras zalameras, y otras veces con exigencia y apremio.</div>
<div></div>
<div>Casi me había comido otra mitad de una tableta sacando los víveres para la cena cuando decidí que el foie había que cocinarlo desnuda. Me fui al dormitorio, dejé el vestido sobre la cama de cualquier forma, y colocándome unos tacones negros volví a la cocina sin otra prenda de ropa. El delantal de mi madre no era tan sexy como el que veía en mis fantasías, pero no podía encender el fuego de la cocina sin algún tipo de protección. Le hice una lazada por delante y observé el efecto de mis nalgas escapando por la parte de atrás de la tela. Estaba realmente sexy.</div>
<div></div>
<div>Volví a la cocina y desempaqueté los víveres. Tostar pan, sacar una plancha para el foie, cortar el queso, poner a enfriar el vino… Fui haciendo todo meticulosamente, prestando atención a cada detalle, pensando que el diablo estaba sentado a mi espalda, observando mi culo moverse cada vez que yo daba un paso.</div>
<div></div>
<div>Él, vestido con una ligera bata cogida de mi dormitorio para cubrirse algo las partes nobles, estaba sentado justo detrás, con las piernas cruzadas y los pies desnudos. En la mano tenía una de las copas que había sacado para el vino, y que él se había servido generosamente, tras apreciarlo en un ritual que yo no podía comprender. Serví el queso mientras me lo imaginaba empalmándose, llevándose la copa a los labios. Saqué las rebanadas de pan del horno mientras lo vi separarse los bajo de la bata, y dejar a la vista una enorme erección, dispuesta a usarme tan pronto me acercara a reclamarla. Se reclinó en la silla y esperó, y yo empecé a sudar pensando que no podía ser nada bueno tener aquellas fantasías mientras cocinaba.</div>
<div></div>
<div>O en cualquier momento. En verdad ya no podía apartarlo de mi mente.</div>
<div></div>
<div>Me llevé otra onza de chocolate a la boca mientras rebuscaba en mi mente la respuesta a por qué me sentía tan atraída por aquel completo desconocido. Había entrado en el bar dejando la moto aparcada justo en la puerta. Pude oírla cuando llegaba. Lo observé poner un pie en el suelo, y acto seguido pasar la otra pierna sobre ella para bajarse. Se quitó el casco integral cruzando la puerta acristalada, y durante los dos pasos siguientes se fue bajando la cremallera de la cazadora entallada, dejando ver la camisa de listas azules y blancas. Se desenroscó del cuello una bufanda ligera, y la metió en el interior del casco, junto con unos auriculares. Y al llegar a la barra dejó el casco sobre la madera barnizada, se quitó la chaqueta, y mirándome directamente a los ojos, empezó a quitarse los guantes.</div>
<div></div>
<div>Lentamente…</div>
<div></div>
<div>El cazador se había fijado en su presa, pero yo en ese momento aún no me sentía en peligro.</div>
<div></div>
<div>Veinte minutos más tarde, y tras intercambiar tantas miradas que había perdido la cuenta, la distancia entre ambos se había reducido a unos veinte centímetros de madera. Su casco a un lado, y mi bolsito al otro. Sus ojos llameando buscando los míos, y yo sin saber donde meterme para no abrir la boca e ir en busca de su lengua. Mis manos jugaron con la idea de aferrarse a sus cabellos mientras compartíamos un primer beso devastador, con las suyas envolviendo mi cintura para atraerme entre sus piernas y apresarme hasta dejarme sin aliento.</div>
<div></div>
<div>Nada de eso pasó…</div>
<div></div>
<div>Sólo lo escuché hablar. Seducirme con las palabras bien elegidas, que seguramente tantas otras veces habían tenido el mismo efecto en otras muchachas como yo. Lo dejé avanzar sin importarme si estaba cayendo en sus redes, pensando que podía controlarlo, que tenía aún poder sobre mí misma. Una pena no darme cuenta de que me había embrujado un poco antes, cuando tomó mi mano, y avanzando hacia la puerta, me instó a que lo siguiera.</div>
<div></div>
<div>Di un par de pasos, pero paré. No lo seguí…</div>
<div></div>
<div>Y, sin embargo, no perdió la sonrisa seductora. Se acercó nuevamente a mi cuerpo y pasó la bufanda por detrás de mi cuello. Levantó los cabellos para que sintiera la tela en la nuca, y sus dedos al hacerlo. Acarició los mechones, y los agarró con la mano un leve instante, prometiéndome el infierno en la tierra. Y me consumí en ese contacto. Tiró de ambos extremos de la bufanda, acercando mi rostro al suyo, apartando el aire viciado entre los dos. Y allí, a escasos centímetro de sus labios, me dejó oler su piel y su saliva, perversas las dos.</div>
<div></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->No te lo voy a decir dos veces…</div>
<div></div>
<div>Mis labios casi pudieron saborearlo.</div>
<div></div>
<div>Pero no lo seguí. No me atreví a hacerlo, y me quedé plantada en medio del bar, sintiendo como desenredaba la bufanda tirando de un solo extremo, para luego ir a colocarse alrededor de su cuello. Se colocó uno de los guantes antes de extenderme su tarjeta. La cogí por el otro extremo, sin atreverme a un nuevo contacto. Estaba segura de no ser capaz de resistirme si volvía a tocarme.</div>
<div></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->Preciosa… vas a tener que buscarme tú.</div>
<div></div>
<div>Y así se apartó de mí; volvió a colocarse el casco y montando con agilidad en su moto desapareció de mi vista. Entre los dedos temblaba la tarjeta, negra con letras plateadas, que no quise ni leer.</div>
<div></div>
<div>Y allí lo tenía ahora.</div>
<div></div>
<div>Mi mente no dejaba que lo ignorara. Lo sentía detrás de mí, envarado, con la bata abierta, esperando mis carnes acopladas a las suyas. No decía nada, y eso me ponía aún más nerviosa. En el bar no había dejado de hablarme, envolviéndolo todo. Aquí, mi diablo imaginario se relamía los labios pensando en qué se llevaría primero a la boca. Y yo tenía tantas ideas para ofrecerle como él necesidad imperiosa de devorarme.</div>
<div></div>
<div>Al fin iba a ser cazada.</div>
<div></div>
<div>Lo sentí agarrarme el culo cuando iba a poner al fuego el foie. Las llamas del fogón bailaron en mi rostro mientras me sujetaba de los cabellos para inclinarme sobre la encimera, exponiendo aún más el brillo de mi entrepierna, cálida y necesitada. Su mano resbaló con posesión por la espalda, presionándome contra la madera. La otra mano me separó las nalgas, y yo cerré los puños sabiendo que iba a ser follada.</div>
<div></div>
<div>La polla me empotró contra el mueble con fuerza, y me hizo gemir como llevaba días deseando. Se quedó incrustada hasta el fondo, mientras su pelvis se frotaba contra mis nalgas, y su mano me impedía elevar la espalda para poder mirarlo.</div>
<div></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->Esto lo podías haber tenido hace días…</div>
<div></div>
<div>Y, ciertamente, lo llevaba necesitando tanto tiempo que no me importó que el bandido me estuviera follando en la mente, porque para mí era tan real como la cocina contra la que me tenía ofrecida.</div>
<div></div>
<div>Se retiró lentamente para empezar a empujar contra mi culo sin darme tregua, tan rápido que los jadeos no me permitían recuperar el aire que se me escapaba. Tenía la polla dura, gruesa e incansable. Se la estaba empapando con cada embestida, y la visualicé brillante cada vez que salía de mi coño. Imaginé mis pliegues separándose para acogerla, envolviendo su verga y dejándose quemar por la rapidez con la que se movía dentro de mí. Lo sentí enterrarse una y otra vez, gemir satisfecho por tenerme al fin ofrecida, complacido por haberme convertido en su putita.</div>
<div></div>
<div>Me cogió las manos y las sujetó a mi espalda, cruzándolas para dominarme con una sola mano. La otra la introdujo en mi boca, para que succionara sus dedos un momento antes de bajar a esconderlos en mi entrepierna.</div>
<div></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt; font-stretch: normal;">          </span><!--[endif]-->No tientes al demonio… Conmigo no se juega, preciosa.</div>
<div></div>
<div>Yo jadeé mientras usó mi cuerpo de espaldas, o mientras me hizo cabalgarlo, sentado en la silla, con mis pezones metidos en la boca y sus manos moviendo mis nalgas sobre su pelvis. Dejé que me tumbara sobre la mesa, separara mis piernas y me follara encajando sus caderas tan fuerte que a veces sentí que me rompería por dentro. Dejé que me aferrara de los cabellos y me usara la boca, obligándome a abrirla para recibir su polla perversa hasta casi atragantarme, de rodillas frente a sus piernas, con mis manos extendidas en su vientre, queriendo marcarlo con las uñas.</div>
<div></div>
<div>Lo sentí de mil formas, y en cada una de ellas disfruté de lo que me había privado el viernes.</div>
<div></div>
<div>Y me corrí tantas veces que perdí la cuenta, mientras las llamas del fogón seguían bailando, y me masturbaba con la presencia de mi demonio introduciendo lengua, verga y dedos por donde quiso hacerlo. Le rendí mi cuerpo dolorido y lo usó para su disfrute, y sobre todo el mío.</div>
<div></div>
<div>Aunque eché en falta su semen esparcido sobre la piel que había golpeado con su miembro erecto.</div>
<div></div>
<div>Estaba desmadejada sobre la mesa, con las piernas abiertas y los dedos mojados tapando la entrepierna, cuando recobré cierta conciencia sobre donde estaba, y lo que había estado haciendo. Mi diablo se masturbaba lentamente junto al fuego, con la polla más tiesa que hubiera imaginado en la vida. Disfrutaba de mi imagen rendida en la mesa, abandonada al placer de la carne, para darse placer con cada movimiento de su mano. Me seguía deseando, y yo a él.</div>
<div></div>
<div>No podía ser que no estuviera saciada…</div>
<div></div>
<div>Cogí en un impulso la tarjeta de dentro del bolso, y pasando a su lado llegué a la encimera. Allí, junto con la copa de vino que no había llegado a probar, estaba mi teléfono móvil. Lo miré con miedo, pensando que los número podían marcarse solos tras aquella vorágine sexual, pero la pantalla no se iluminó al acercarme. Miré las llamas, y pensé que al final lo de tratar de impedir que se quemara la casa no había tenido el resultado que esperaba.</div>
<div></div>
<div>Arrojé la tarjeta al fuego, y la vi arder mientras en el rostro del truhán se dibujaba una mueca de asombro. Y mientras se consumía el papel su impronta se desdibujó en el aire, y su mano dejó de moverse sobre su polla envarada. Perdí de vista sus dedos, sus ojos y su boca, y me quedó el olor a papel calcinado, junto con las volutas de humo subiendo desde el fogón, esperando que dejara de fantasear y me centrara en la cena.</div>
<div></div>
<div>No hay que permitirle al diablo que te tiente. Sin tarjeta… no sería yo la que diera el siguiente paso.</div>
<div></div>
<div>El foie me quedó, al final, bastante bueno. Habría deseado chuparlo de sus dedos, pero colocado sobre una rebanada de pan recién tostado me hizo olvidarme, por un momento, de lo que dolía la vulva después de haberme restregado contra todas las superficies duras que encontré en la cocina.</div>
<div></div>
<div>No era bueno dejarse tentar… era cierto.</div>
<div></div>
<div>Pero estaba deseando volver a encontrarme con el diablo en el bar de la otra noche. Pero todavía era martes…</div>
<div></div>
<div></div>
<div>¿Todavía no me has llevado a tu cama? Estoy deseando ensuciarte las sábanas&#8230;</div>
<div></div>
<div>UNA MANCHA EN LA CAMA</div>
<div></div>
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		<title>Urgencias</title>
		<link>http://magelagracia.com/cartasdemiputa/urgencias/</link>
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		<pubDate>Thu, 09 Oct 2014 19:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>En vez de estar arropadita en la cama, me había dado por querer pasar la noche en urgencias. Demasiado excitante para pedirle que parara… aunque sabía que debía hacerlo. Sentada a los pies de la camilla, con las piernas colgando por la altura, trataba de contener la respiración. Y él, …
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				<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">En vez de estar arropadita en la cama, me había dado por querer pasar la noche en urgencias.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Demasiado excitante para pedirle que parara… aunque sabía que debía hacerlo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sentada a los pies de la camilla, con las piernas colgando por la altura, trataba de contener la respiración. Y él, con voz aterciopelada y exigente, me pedía que me relajara y respirara.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Cierra los ojos y respira-, me decía, mientras su mano presionaba un punto concreto en mi cuello, dando masajes circulares con un par de dedos. Su otra mano me sostenía la espalda, y evitaba que pudiera alejarme de su contacto.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No había nada en ese momento que pudiera hacer que le retirara la mano.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sentía su aliento dulce al lado de mi rostro, donde había colocado la cabeza para tratar de controlar la respuesta de mi cuerpo a su maniobra. Y no sé si le gustaba o no como iba resultando la cosa, pero no dejaba de presionarme la espalda, dominante, atrayendo mi cuerpo hasta el borde de la camilla.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Contaba mis respiraciones, o mi pulso, o simplemente me observaba elevar el pecho y tensar la blusa bajo los senos. No me atrevía a mirarlo para averiguar la verdad, porque probablemente si giraba la cabeza sus labios y los míos quedarían tan cerca que sería inútil tratar de reprimir el beso que nos estábamos negando.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Respira hondo, y siente mis dedos.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No podía sentir otra cosa en ese momento. Si había llegado a la consulta, a esas horas de la madrugada, era porque no conseguía respirar bien. Disnea, según me dijo el médico tras una primera evaluación. Me había hecho unas cuantas pruebas, entre las que se encontraba auscultarme el tórax mientras yo trataba de controlar mis emociones. Desabrochar los botones de la blusa para dejar expuesta la piel que necesitaba para sus propósitos fue demasiado erótico para que no se hubieran puesto duros los pezones, y no precisamente por el frío.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Hacía, por el contrario, demasiado calor en esa consulta.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Los ojos del médico habían luchado por no bajar hasta los pechos, pero no había podido evitarlo. Un par de vistazos rápidos mientras cambiaba de sitio la campana del fonendoscopio hizo que lo que era evidente para él lo fuera también para mí. Su pantalón se abultó mientras una de sus manos rozaba como por casualidad uno de los pezones, y ambos nos miramos como sorprendidos por el contacto.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Fue la primera vez que tuve que reprimir el impulso de abrir la boca y dejarme saborear por sus labios.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Cuando pasó a auscultarme la espalda, la mano libre la colocó en la parte alta de mi pecho, justo sobre los senos. Nunca una mano me había calentado tanto la piel. Simplemente, dejé de respirar. Mis ojos no podían apartarse del hechizante espectáculo de su mano, sosteniendo mi cuerpo, mientras comprobaba lo acelerado que iba mi corazón en aquellos momentos. Cada suave toque del aparato sobre la piel de mi espalda conseguía que la arqueara, sorprendida de la sensibilidad que había llegado a desarrollar en un momento bajo su tacto. Y cada vez que mi espalda se arqueaba, su palma sobre mi pecho presionaba un poco más, reteniendo mis movimientos.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No pude impedir que la imagen de sus manos aferrando mis hombros invadiera mi mente.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Lo imaginé depositando sus labios en el ángulo de mi cuello, donde empieza a llamarse de otro modo. Un beso húmedo, con la lengua presta a probar el sabor de mi piel temblorosa. Lo imaginé deslizando la lengua subiendo por el cuello hasta llegar a la parte posterior de la oreja, y detenerse allí, para besar el lóbulo, diligente y tierno. E imaginé su mano bajar hasta cubrir por completo mi pecho, tomándose la licencia de pellizcar el pezón, dejándome sin aire, mientras empezaba a susurrar al oído las primeras palabras subidas de tono.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Tengo ganas de follarte.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">A esas alturas, mi imaginación había conseguido que estuviera completamente mojada. El médico continuaba buscando signos en mi pecho, y yo trataba de no mirarlo demasiado, convencida de que si lo hacía acabaría separando las piernas para que el resto de la inspección la hiciera entre ellas.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Pero la escena que me había hecho ruborizar era, sin duda, la de sus manos aferrando mis hombros, conmigo acostada sobre la camilla, sin ropa entre ambos que estorbara, con su cuerpo introducido entre mis muslos, y su espalda arqueándose en esa primera embestida, lenta y profunda, que le hiciera necesitar aferrarse a mis hombros para permanecer bien dentro de mí.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y su gemido…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Una voz profunda y ronca, dejando escapar el aire de forma lenta y pausada, a medida que su polla se abría paso en mi interior, llenando el vacío húmedo y cálido que había despertado con su tacto.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Estaba demasiado excitada para que no se me notara.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y él también lo estaba.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Cuando terminó la auscultación se apartó mínimamente de mí, sin retirar la mano del pecho. Creí haberle escuchado que necesitaba disminuir las pulsaciones de mi corazón, pero las palabras que fue pronunciando se me escapaban de la cabeza mientras ésta se llenaba de las escenas que segundos antes me habían asaltado. Veía sus labios moverse, pero no le prestaba atención. Mis ojos andaban perdidos en su lengua húmeda, que asomaba pícaramente con sus sonrisas, embaucándome.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Me tenía completamente rendida. Podía estar pidiéndome permiso para follarme en aquel mismo momento, y no me habría enterado. Podría estar diciendo que iba a ponerme de pie, a inclinarme sobre la camilla para admirar mi tentador trasero, para luego desnudarme lentamente, dejando caer la falda al suelo, y admirar mis braguitas. Podía estar comentándome que iba a rozar mi vulva para ver si tenía el coñito húmedo, para luego apartar la tela lentamente dejando expuesta la zona que deseaba torturar con su polla. Podía estar contándome que se iba a desatar el lazo del pantalón de su uniforme para abrir la bragueta y sacar su miembro henchido, aferrarlo con una mano para dejarlo justo a la entrada de mi coño, y mientras me sujetaba firmemente por las caderas iba a presionar hasta hacerme sentir toda su virilidad dentro, sin espacio para nada más…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Podía estar pidiéndome que gimiera mientras me follaba, y no me estaría enterando.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Cuando de pronto hizo el gesto para que empezara a abrocharme los botones de la blusa, caí en la cuenta de que no sabía qué había pasado. Mientras mis dedos intentaban hacer lo que él me indicaba intenté concentrarme en saber si me había dado un diagnóstico o si debía seguir observando mi cuerpo durante un rato más. Cuando levanté la vista lo encontré con la mirada perdida en el hueco de mi escote, y me temblaron las piernas.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No abroché el botón que estima la línea del decoro…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Ni el de abajo tampoco.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">El médico me observó el rostro, tratando de buscar algún signo que le dijera que se estaba imaginando que lo deseaba, y supongo que no encontró ninguno. Tomó mis manos, que había dejado apoyadas sobre los muslos, y las colocó a ambos lados de mi cuerpo, en la camilla. Dos de sus dedos subieron lentamente hasta mi barbilla, y sin apartar los ojos de los míos tocó mi piel en ese pinto. Los deslizó hasta la garganta, y bajó hasta ese punto donde el sudor se deposita cuando el sexo es violento, y los cuerpos chocan entre jadeos entrecortados con las embestidas de una polla decidida.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Allí, en ese punto, enterró los dedos.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Fue como si los hubiera metido en lo más profundo de mi entrepierna. Así lo sentí, y así se arqueó mi espalda, nuevamente, como si lo hiciera.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y allí andaba yo, con los ojos cerrados, y sus dedos presionando un punto que se suponía que iba a hacer que me relajara y respirara mejor, y mi corazón se enlenteciera, cuando lo que yo quería era respirar de forma entrecortada por el sexo sin sentido con el médico que a las tres de la madrugada me había recibido medio empalmado y somnoliento en la puerta del centro de salud.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Quería mi corazón desbocado, mientras me follaba sobre la mesa de la consulta, con mis cabellos entre sus dedos, y mis piernas separadas para recibir sus envites una y otra vez, hasta que el mueble chocara con la pared y ya sólo mi cuerpo fuera el que se moviera con su follar salvaje e indecente.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->¿No te encuentras mejor?- me preguntó, tan cerca de mi rostro que sentí las palabras acariciarme la piel, como un beso.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Todo lo que fui capaz de expresar fue una negativa con un gesto de la cabeza, sin atreverme a decir que iba mejor, por si acaso retiraba los dedos de mi piel, o su mano de mi espalda.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->¿En serio?- preguntó, pícaramente, acercando su cuerpo un punto más al mío.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Llegando a rozarme con su pelvis la cadera colocada en precario equilibrio.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Su polla me quemó a través de su ropa y la mía, y lo sentí duro como sabía y rogaba que estuviera. Tanteó con su cuerpo a ver si ofrecía resistencia, y al no obtener negativa tomó valentía y comenzó a frotarse contra mi cadera, lentamente, arriba y abajo, mientras sus dedos continuaban ejerciendo su magia bajo mi garganta. No recuerdo en qué momento su mano en mi espalda aferró mis cabellos, tirando de ellos para que mi cabeza fuera hacia atrás y expusiera la piel que deseaba. Sé que acto seguido retiró sus dedos y su boca fue a suplir la ausencia de ellos, lamiendo con lengua experta la zona que de forma tan poco decente había calentado con los dedos.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Tampoco recuerdo el momento en el que empecé a jadear sin remedio, escuchándolo a él hacerlo, mientras continuaba con su lento movimiento de pelvis contra mi cuerpo. Desde abajo, como si con la polla quisiera recorrerme el muslo, la cadera y la cintura, se disponía una y otra vez a frotarse. Y lo hacía como si me follara, profundizando, oprimiendo mi cuerpo contra el suyo, sin dejar espacio entre ambos. No era un roce sutil, me follaba contra la piel, aunque hubiera ropa.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Por supuesto, tampoco recuerdo el momento en el que su mano bajo a separarme las piernas.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Los dedos se metieron en medio de mis muslos, y me obligaron a moverlos para ofrecerle la parte de mi cuerpo que deseaba. Y yo, que lo deseaba más todavía, dejé que arrastrara mi muslo sobre la camilla para que la falda se hundiera entre ellos. La levantó y la sujetó para exponer a su vista mis bragas, y allí encontró la mancha de humedad que tanta vergüenza me daba mostrarle. Con los nudillos pasó los dedos sobre la zona donde supuso que merecía más atenciones, y mi clítoris se hinchó al instante. La espalda volvió a arquearse, pero controló mi cuerpo con la mano aferrada a mis cabellos, y sus dientes clavándose en mi cuello.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sin embargo, recuerdo perfectamente en momento en el que apartó la tela de mi entrepierna, y aferró el clítoris con dos dedos expertos, buscando mi respuesta. Gemí al techo, mientras mis muslos se estremecían. Las manos se me cerraron en puño a ambos lados de mi cuerpo, mientras su polla continuaba frotándose contra mi costado, cada vez más mojada. Y sus dedos, simplemente, se perdieron entre mis pliegues, jugando con ellos, pellizcando, acariciando y palmeando la zona completamente encharcada.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="margin-left: 36.0pt; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: list 36.0pt; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Delicioso…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No sé si sentía más sus dedos o su polla, o su lengua recorrer la zona intermedia de mis pechos, para ir a buscar luego un pezón que apresar dentro de la boca. Me chupó ambos como si lo necesitara para vivir, mientras sus nalgas continuaban con su bamboleo contra mí, y sus dedos me torturaban, a punto de arrancarme un orgasmo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y cuando estaba a punto de correrme, ya sin remedio, empezó a follarme con los dedos. Los sentí rudos, infinitos y enormes dentro de mi coño, y los envolví con la fuerza que dan los espasmos justo cuando estás a punto de explotar, gritando. Los metió y sacó como si fuera su polla la que me follaba, con apremio y dureza, chocando con el fondo como no lo había hecho nunca una verga. Cuando mis gemidos se elevaron me clavó los dedos tan hondo que podía haber incluso dolido, pero su boca fue a tapar la mía para respirar el aire que necesitaba descargar con el orgasmo. Su mano liberó mis cabellos, y sujetándome por la cintura se frotó contra la cadera de forma violenta, sintiéndolo gemir también en mi boca, mientras le llegaba a él el orgasmo y sentía mojarse la tela de su ropa y la mía con el último empujón.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Tampoco recuerdo el momento en el que sacó los dedos, y se apartó un poco de mi lado.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Lo que sí recuerdo es que al poco tiempo de correrme respiraba bien, no sentía presión en el pecho, y la taquicardia había desaparecido.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Tendría que preguntarle si atendía por consulta privada…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">@MagelaGracia</div>
<div style="text-align: justify;">Fb: Magela Gracia</div>
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		<title>Polla hermana, polla disfrutada ( y IV )</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Sep 2014 17:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Un maldito, horrible y jodido viernes. Y yo siendo la buena hermana de la polla de mi hermano&#8230; No, perdón… Ya era sábado. Cosas del no dormir. La idea de un whisky ahora me tenía consumida. Era una necesidad apremiante echarme algo ardiente a la garganta, quemarme la lengua con …
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				<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">Un maldito, horrible y jodido viernes. Y yo siendo la buena hermana de la polla de mi hermano&#8230;</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">No, perdón… Ya era sábado. Cosas del no dormir.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">La idea de un whisky ahora me tenía consumida. Era una necesidad apremiante echarme algo ardiente a la garganta, quemarme la lengua con el líquido, perder la cabeza por unos momentos bajo los efectos del alcohol. Emborracharme, dormir. Porque sabía que si no bebía pasaría la noche recordando las imágenes que me habían regalado entre ambos, Víctor y Verónica. Y masturbándome, eso también.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Mis bragas…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Las últimas bragas que me había comprado mi madre. Una de las primeras que ya parecían de mujer, con algo de encaje y sin animalitos dibujados en la tela. Algodón blanco, normales y sencillas; pero no aniñadas, como hasta ahora las había usado.  Estaba muy orgullosa de esas braguitas, y me encantaba que mi hermano las hubiera escogido.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">¿Pero, cuándo? No recordaba haber echado en falta nunca ropa interior. ¿Por qué ahora? ¿Lo había hecho en otras ocasiones, o había sido consecuencia su hurto y luego uso más que obsceno por verme masturbar esa misma mañana en su cama?  La cabeza me daba vueltas, y el coño me ardía con rabia. No entendía lo que sentía, las emociones se entremezclaban en mi cuerpo sin poder digerirlas, y no iba a decir que fuera solo en mi cerebro o en mi entrepierna donde sentía puntadas. Mi pecho, por nombrar uno, también  era un lugar que sentía muy vivo ahora.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Una copa, de lo que fuera… Necesitaba una copa.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Al dirigirme al mueble bar en el salón pasé por delante de la horrible espejo que mi madre tenía en el pasillo, y no pude remediar el impulso de observarme. Sin el pantalón de franela ni la braga, con la camiseta de manga corta roja que me llegaba al inicio de las caderas, muy estrechas. Casi una niña, todavía. Con pelo en el coño, pero sin la imagen voluptuosa de mis compañeras reflejada ahora en el espejo. Una talla infantil… Mi madre me consolaba con la frase de ya te llegará la hora. Pero esa hora no llegaba, y me parecía eterno el tiempo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Abrí el mueble bar, y no encontré whisky. No podía creerlo… En su lugar, varias botellas de ginebra llenaban un pequeño espacio, compartido con varias de vino, ron y vermut. Ginebra… ¿Cómo coño se bebía la ginebra?</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y me di cuenta de que me daba igual, que mientras más me quemara la boca, tanto mejor. Así que con un vaso de un estante lleno hasta la mitad me senté en el sofá y me decidí a tener mi primera relación directa con el alcohol. Quise hacerlo como en las películas que había visto en la tele, de un tirón, pero el fuerte olor me impidió acercarme tan rápido el cristal a la boca. Así que entró despacio y a poquitos en ella, sorbiendo lentamente, disgustada por el sabor. Sabía que las muecas de mi rostro tenían que ser de chiste, pero estaba dispuesta a hacer desaparecer mis penurias con aquel líquido que me inflamaba la lengua, y me la dejaba áspera y seca. Y sin darme casi cuenta había vaciado el vaso.</div>
<div style="text-align: justify;">Ahora me ardía, además del coño, la boca. Necesitaba alivio, y pronto.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Me llevé la mano a la entrepierna, mientras con la otra libre me volvía a servir otro tanganazo de ginebra. Mis labios menores estaban mojados por completo, y los mayores calientes, y como sentía, abultados. Dejé la botella a un lado, y aunque sabía que si volvía a llenarme el vaso sería ya para dormir la mona, no la alejé demasiado. Estaba deseosa de perder el sentido, para no seguir sintiendo la desesperación tan agobiante que tenía preso mi cuerpo, y mi cerebro. Desconectar, una opción tan válida como cualquier otra. Pero antes… quería correrme.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">En la tele no había nada interesante a esa hora… y por interesante me refería a pornográfico, claro. Mensajes de esos para que llames y te descargues escenas en el móvil, pero los había visto tantas veces que ya no me ponía nada observar dos caras conocidas diciéndose siempre las mismas guarradas. Tal vez un día tuviera que pagar el precio del mensaje para tener una cosa así en el móvil… para emergencias.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y me di cuenta que podía reenviarme el correo de mi hermano, con su video, al mío y luego borrar todas las huellas. No sabía si era buena idea hacerlo, pero siempre me quedaba después la opción de borrarlo, y tal vez mañana ya no estuviera donde lo había encontrado. No podía perder la ocasión, y me fui directa al dormitorio de Víctor, y me senté con la botella de ginebra y el vaso casi vacío en su silla de escritorio. Mi cepillo también seguía en su mesa. ¡Qué descuido, joder! Podía escuchar la voz de la tipa en la tele incitando a la gente a bajarse los videos más calientes para el móvil, pero no le hacía caso. El ordenador volvió a arrancar mientras me terminaba el alcohol del vaso, y directamente pensaba en llevarme el cuello de la botella a la boca. Miraba el reborde de cristal y me imaginaba pasando la lengua en círculos. Mientras abría el correo me levanté, aparté la silla e incliné la cabeza sobre la botella, colocándola en el estante inferior del teclado para acceder con más comodidad. Al mismo tiempo separé las piernas y me llevé el mango del cepillo entre mis pliegues, mojándolo… preparándolo para penetrarme con él mientras mamaba la botella y me torturaba el clítoris con la yema de los dedos. Me excitó verme así, inclinada, como si dos tíos me tuvieran ocupada. La verga de mi hermano en la boca, la de cualquier otro a punto de perforarme el coño.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">El cepillo entró con facilidad de lo mojada que estaba. Era estrecho y pequeño, y en principio, aunque no sabía lo que se sentía tampoco con una verga de verdad ensartada, lo que sí me alivió fue poder presionar la musculatura y sentir que se cerraba sobre algo que no fuera un vacío horrible. Esa sensación me hizo sentirme plena, aun por el tamaño. Lo sujeté con la vagina, fuertemente, mientras con la mano lo introducía y lo liberaba, haciendo tope cada vez contra el fondo. Puse en marcha el vídeo nuevamente, casi de forma automática; quería escuchar otra vez los gemidos de mi hermano. Mis labios rodearon la botella y me la metí lo más que pude en la boca, y la recorrí como una guarra imaginando que no era frío cristal lo que chupaba. Mis dedos, tras darle al botón de inicio en el ratón, habían vuelto a mi clítoris y me empecé a tocar con obscena dedicación. Quería correrme, me sentía borracha, estaba loca por acabar desmadejada envuelta en las sábanas de mi cama hasta el mediodía de la mañana siguiente.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Mi lengua jugando con  la botella… era lo que más gusto me daba; imaginarla una polla.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Fui incrementando el movimiento de mis manos mientras sentía que mi excitación aumentaba. Tuve la necesidad de apartar la que sujetaba el cepillo y hacerlo desde atrás para no estorbarme, y lo que hice fue simplemente fijarlo al fondo y presionar duro, no dejándolo escapar. Mis dedos se equivocaban constantemente en mi coño, por lo mojada que estaba y por la borrachera que llevaba, además que intentaba abarcar demasiadas cosas a la vez, intentando también mirar el video de la mamada a mi hermano y no podía con todo, tenía que reconocerlo. Sabía que estaba siendo la cagada más grande para masturbarme, pero no podía remediarlo, necesitaba mis agujeros ocupados…</div>
<div style="text-align: justify;">Y, en eso… mientras gemía contra la botella solo por el placer de escucharme gemir, vi posicionarse los pantalones vaqueros de mi hermano a mi lado.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;   </span><!--[endif]-->Bea… tenemos que hablar.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sentí caerse el cepillo al suelo antes que vergüenza… Eso llegó inmediatamente después.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Víctor… ¡Joder, no me digas nada!</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Mi hermano se arrodilló y recogió el cepillo de entre mis piernas. No puedo saber si lo hizo para mirarme el culo y el coño abierto de cerca, ya que en cuando noté su presencia había cerrado los ojos inmediatamente tras apartar la boca de la botella. Quería ponerme tiesa, pero la cabeza me daba vueltas y no podía dejar de imaginarme que, al menos, en esa postura, si Víctor quería, podía hacerme suya sin el más leve inconveniente.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">La mano de mi hermano dejó al lado del ratón el cepillo, y cerró el vídeo de su mamada a continuación. Lo oí suspirar y reclinarse a mi lado, apoyando las manos también en la mesa, como yo lo hacía ahora. Entreabrí los ojos para mirarlo a la cara. Estaba encendido, no sé si de vergüenza también o tal vez excitado.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->¿Por qué has venido hoy tan pronto? Nuca llegas hasta la mañana…- Hablaba la rabia borracha que me estrangulaba por dentro, al haber sido descubierta en tan deslucida escena.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Joder, Bea… Subí a por condones. Los colegas están esperando abajo. Tenemos a varias tías en el coche. Nos íbamos a un motel a follar-. Las últimas palabras sonaron amargas en sus labios, con un enorme pesar-. Y esto no debería estar contándotelo, ¡mierda! Eres menor, Bea…</div>
<div style="text-align: justify;">Tragué saliva. Peor no podían ir las cosas.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Pero no tonta… Además, no te olvides que soy tu hermana. No me llames menor, ese es el mejor de mis defectos ahora…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Otro suspiro. Víctor miraba a la mesa, como si en ella buscara respuestas. Yo me envalentoné y lo miré bien a la cara, cuando él no me miraba. El alcohol es lo que tiene, ayuda a hacer cierto tipo de cosas. Supongo que mis palabras no salían ni mucho menos de mi boca como yo quería articularlas, pero Víctor no se quejaba… Pensé en acercar mi rostro al suyo, a ver qué pasaba… pero no lo hice.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿Por qué mis bragas?</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">La espalda se le puso tiesa. Entonces entendió que no era la primera vez que veía el vídeo, y al mirarme él a mí nos vimos como me parece que no nos habíamos imaginado nunca… como dos cómplices de un oscuro secreto. Ahora no era yo solo la que sentía vergüenza, sin duda…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;   </span><!--[endif]-->Me pusiste malo esta mañana, aunque sé que no es excusa.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Hablaba ahora de frente, y aunque yo apestaba a alcohol pude percibir que también él había bebido algo. No sabría decir si estaba borracho, pero por supuesto que muy lúcido no estaba.</div>
<div style="text-align: justify;">Echó mano a su pantalón vaquero y sacó mis bragas de su bolsillo. Me las enseñó brevemente, y casi creí que se las llevaría bajo la nariz para olerlas por la cara que ponía. Pero no, las encerró en su puño y volvió a mirar hacia la mesa.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->No debí cogerlas… eres mi hermana.- Sus palabras eran losas sobre mi cabeza.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->No debí masturbarme en tu cama… eres mi hermano.- Contesté entonces, abatida.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Apretaba mis bragas con fuerza, los nudillos blancos haciendo juego con la tela. Su cara, roja.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿Desde cuándo, Bea? No me había dado cuenta.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">     &#8211; </span><!--[endif]-->No hace mucho, no te creas. Cosas de la vida-, solté, como resignada al surgir de los acontecimientos-. Me harté de mirar pollas en el instituto que ni puto caso me hacían. Al menos, la tuya, la tengo cerca.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿Ninguna polla?- rió por lo bajo-.Quiero decir, ¿ningún chico?</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Entonces reí yo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Ninguno.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Pude ver que mi hermano me miraba el trasero de soslayo. No sé si lo hizo para hacerme sentir mejor o es que realmente mi culo en pompa le llamaba. Lo cierto es que volvieron las ganas de tirármelo, teniéndolo tan cerca como ahora lo tenía. Yo le correspondí echando un vistazo a su bragueta, que aunque me la medio ocultaba su muslo me decía que algo hinchada debía estar. Víctor se dio cuenta del interés que me despertaba y casi que lo vi recolocarse para que pudiera observarla mejor, o al menos eso imaginé.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Joder, Bea. Esto está mal…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y se apartó de mí y se sentó en su cama, con la cabeza entre las manos. Se le veía empalmado, si… Ahora podía ver su pantalón vaquero hinchado. Me estremecí al observar que aun sujetaba mis bragas, y las tenía contra la cara. Me enderecé, no sin cierta dificultad, y quedé parada frente a la mesa, deseando quitarme la camiseta y ofrecerme desnuda a Víctor en su cama. Pero algo me decía que no debía ser yo la que diera el primer paso, que se espantaría. De ese modo, excitada y borracha, con la imagen de su polla en la cabeza y mis ojos fijos en mis bragas, cogí la botella de ginebra y se la enseñé.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Me emborraché para mamártela, Víctor-, me escuché decir, antes de pegar la boca al cuello de la botella y echarme un trago. No supe hacerlo, y el líquido rebosó por mis labios y me empapó la camiseta. Al menos conseguí no toser al tragar la ginebra que abrasó mi lengua. Un enorme trago que volvió a calentarme el cuerpo.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;   </span><!--[endif]-->Hablo demasiado…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Te he escuchado con tu grupo. Y la del video estaba también borracha. Así es más fácil, ¿no? ¿Te gusto más bebida? Así al menos tengo una excusa para lanzarme…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Apartó las manos y me miró de frente, pero pronto desvió la mirada hacia mi entrepierna. Se me calentó la cara al verlo observarme con cara de lelo, se me mojó por entero el coño y temí que fuera hasta a chorrear de lo contenta que me había puesto al ver su reacción. Me sentí por un instante poderosa, dueña de mi misma y de la polla de mi hermano. Me acerqué ahora despacio, mientras me miraba. Se irguió sin dejar de clavarme los ojos, y lo mejor de todo es que no intentó huir. Se dejó seducir, y eso que yo no sabía hacerlo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Lo estaba consiguiendo…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Llegué a su lado. Me metí entre sus piernas y esperé. Su cara quedaba a la altura de mi ombligo, y allí apoyó la frente. No sabía si tenía los ojos abiertos o cerrados, si me miraba o intentaba no hacerlo. Me daba igual… había ganado.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Sus manos se aposentaron en mis nalgas y me atrajeron hacia su cuerpo. Mis rodillas se incrustaron contra su entrepierna, y lo sentí duro y tieso. Su polla… la mía. Sentía las yemas de los dedos de mi hermano quemarme el culo, clavarse fuerte, temblar al hacerlo. Gimió cuando no pudo acercarme más a su cuerpo. Mis rodillas disfrutaron del primer contacto con su miembro endurecido, ése que de momento me deseaba, esa polla cálida que siempre me había sido esquiva y ahora se apretaba contra mis piernas.  Y mordió la tela que cubría mi abdomen. Tiró con los dientes y separó la cabeza. Fue incorporándose con la camiseta prendida de la boca, arrastrándola hacia arriba en su avance. Cuando me quise dar cuenta, entre mis jadeos y los suyos, mis pechos estaban al descubierto y sus manos los estaban apresando. Temblé de gusto al sentir sus dedos apretar los pequeños pezones, sus labios y la lengua jugar con la piel que había entre ellos. Al no saber qué hacer con las manos las dejé en su cabeza, aferrando sus cabellos. Parece que le complació el gesto.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;   </span><!--[endif]-->Esto es un error, y lo sabes…- murmuró contra mi piel.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;   </span><!--[endif]-->Ya nos arrepentiremos mañana-, contesté, demasiado excitada como para no aprovechar la ocasión que se me había brindado en bandeja.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Víctor levantó los brazos y me sacó la camiseta por la cabeza. La arrojó a un lado de la cama mientras me sujetaba por la nuca y acercaba sus labios a los míos. Mi boca se entreabrió por la proximidad y su calor, y aunque no quería hacerlo los ojos se cerraron para disfrutarlo. Y sentí su lengua apresar la mía sin reservas, hambriento de lo que podía encontrar en ella. Sus labios se estamparon y me devoraron, y sus manos me estrujaron contra su cuerpo, impidiendo una posible huída. Ni ganas que tenía de moverme. Sabía que tenía excitado a mi hermano, por algún extraño motivo que no podía entender, ya que no era ni por asomo su imagen de chica deseada. Pero allí estaba, besándome y tocándome el culo, elevándome contra su pelvis y separándome las piernas al hacerlo, montándome sobre sus caderas cubiertas del vaquero para llevarme contra la pared a mi espalda y sujetarme mientras se abría la bragueta y lo sentía aferrar su verga. Mis sentidos enloquecieron al saberla al descubierto entre mis piernas, casi rozando la vulva que tantas veces había sufrido su ausencia.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Por favor,  Víctor. Quiero verla…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Luego, nena. Estoy loco por follarte.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y me di cuenta de que me daba igual no ver la polla de mi hermano antes de que me penetrara, ya me encargaría de que se corriera en mi boca. Así quería que aquello acabara, con su miembro caliente derramándose contra mi paladar y la lengua, degustar el sabor de su leche, tragarme todo lo que pudiera.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">La sentí entrar de una sola vez. En un momento estaba por completo ocupada, con mis labios rodeando su polla dura como una roca. Fue una embestida fuerte, que tropezó con el fondo de la vagina produciéndome un leve dolor al chocar en ese punto al final, pero apenas si le di importancia porque era tan excitante saberme recorrida por ese trozo de carne compacto contra la pared del cuarto de Víctor que no me importaba nada más. Ese primer empujón le resultó tremendamente fácil a mi hermano, que no se esperaba encontrarme tan mojada y dispuesta. Su rostro expresó que la sensación de embestirme de ese modo le había encantado, y me llené de júbilo al saber que era del agrado de su verga.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Víctor apenas si esperó a empezar a clavarme con su miembro. Estaba cachondo y se le notaba con cada movimiento, cada gemido y cada mordida de sus dientes sobre la piel que le quedaba al alcance. Me miraba a los labios, mientras yo los mordía retorcida de gusto, y su polla entraba y salía con un ritmo frenético a la vez que sus manos me aplastaban el culo contra sus caderas. Estaba a punto de correrme solo con el roce y el chocar de su pubis contra mi clítoris hinchado, y él parecía saberlo porque se restregaba dejando su polla lo más profundamente metida en mis entrañas. Se frotaba para mí, para que lo sintiera y lo disfrutara como una perrita.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Córrete, Bea. Quiero escucharte otra vez gemir mi nombre.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Como negarle algo al perverso Víctor…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Y con su polla metida hasta el fondo me sentí mojada como nunca, jadeando de gusto sin poder ocultar el rostro porque la cabeza de él me lo impedía. Quería verme, y me miraba fijamente mientras el orgasmo recorría mi coño y subía por la columna, acompañado de los espasmos propios del placer que solo una polla bien utilizada sabría arrancarle a mi alma… La polla de Víctor…</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Jadeé su nombre y lo vi sonreír, complacido. Escuchaba sus gemidos confundirse con los míos y lo sentí volver a la carga contra mi coño caliente e hinchado, y aún con espasmos. Fue delicioso sentirlo entrar y salir otra vez de mí, empotrarme contra la pared, y sus manos subirme y bajarme contra su cuerpo. Mis piernas ya no podían aferrarse a sus caderas después de mi orgasmo, pero entre su cuerpo fuerte y la pared, y con sus manos sosteniéndome, sabía que caería.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Me encantó que me moviera él mismo sobre su polla, alzando y bajando mi cuerpo como si no sintiera mi peso.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Joder, Bea. Me corro.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Me miró a los ojos y comprendió que allí no podía. Ni siquiera se había puesto un puto preservativo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->En la boca la quieres, ¿verdad?</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Déjame probarla, Víctor.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Un par de golpes más contra la pared y me llevó otra vez en volandas hasta la cama. Allí me sentó y se abrió por completo el pantalón, bajándolo hasta las rodillas, dejándome observar la imponente verga que se le levantaba entre las piernas. Sus huevos colgaban junto al final de su tronco pegados mucho a él, y no podía precisar si eran grandes o pequeños ya que eran los únicos que había visto. Para mí, eran perfectos. Pero su polla vista de cerca… eso sí que me dejó sin aliento. Montada hacia la derecha, brillante por mi corrida, tiesa como nunca imaginé… Larga y gruesa, me importaba un carajo si más o menos que otras. Esa polla magnífica me acababa de follar a base de bien, y ahora iba a degustarla.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211; </span>Yo lo hago, Bea, déjame a mí. Solo chupa-, dijo, casi ronco. Me miraba a la boca, nunca había dejado de mirarla. Presentí que mis labios tenían que gustarle mucho.- Y no voy a apartarla… quiero terminar en ti…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Me ardió todo el cuerpo. Era eso precisamente lo que quería, y era lo que estaba prometiendo darme.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Pensé que me follaría la boca como se lo había visto hacer con Verónica. Pero no era esa su intención, al parecer, ya que su ritmo era mucho más pausado. Me tomó por la barbilla y esperó a que separara los labios. Me invitó a sujetarla yo, y así lo hice. La tomé por la base y respiré ansiosa sobre su capullo, justo antes de que me sujetara por la parte de atrás de la cabeza, aferrando mis cabellos y de un movimiento constante de la cadera me la metiera hasta sentirla chocar contra el paladar. Se quedó un buen trozo fuera, pero él no insistió en hacerla entrar más; parecía satisfecho. Esperó allí a que me acostumbrara al tamaño, y a que mi lengua tomara contacto con ella. Así lo hice… probando mi sabor en la piel caliente de mi hermano. La textura me sorprendió, ya que era mucho más suave de lo que pude haber imaginado nunca, y contrastaba tremendamente con lo dura que la sentía. Tragué varias veces para acomodarla y la ensalivé todo lo que pude, escuchando a cambio el deleite en la boca de Víctor, que jadeaba sin dejar de mirarme a los ojos. Yo intenté no apartar tampoco la vista y me centré en jugar con ese trozo de carne mientras sus caderas no se apartaban de la presión que ejercía contra mi cabeza.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Sí, nena… chupa la punta.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Obedecí, gimiendo yo ahora. Deslicé la cabeza hacia atrás y aferré el capullo con los labios, y allí dediqué mis atenciones durante el tiempo más bien escaso que me permitió mi hermano. En el momento en que algo de líquido se escapó por la uretra volvió a sujetarme de los pelos y la introdujo otra vez fuertemente, haciendo su cabeza hacia atrás y gimiéndole al techo. Bombeó de forma constante e incansable, sabía que conteniéndose por lo que había visto antes. Me imaginé que pensó que vomitaría todo el alcohol que había bebido y no estaba seguro de que resistiera una mamada a fondo como primera experiencia. Me quedé con las ganas de saber si la abría conseguido tragar entera.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Estaba dedicada a disfrutar como una guarra de ese trozo de carne como si fuera la última vez, y así lo hice. Chupé y lamí todo lo que pude y me dejó mi hermano, aferré sus huevos y el tronco con mis manos y lo miré mientras me follaba la boca con total entrega. Me sentía enormemente caliente, convencida de que podía hacer correr a Víctor por los sonidos que salían de su garganta.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Sí, Bea, sí… me corro, joder… Me corro, guarra…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Se me desbocó el corazón mientras Víctor se volvía más salvaje, menos dueño de sí mismo. En un par de ocasiones la polla entró mucho más de lo que pensé que aguantaría, pero controlé las arcadas y seguí chupando, tratando de no cerrar demasiado la boca para no rozar con mis dientes su enorme falo… aunque la tarea, me di cuenta, la tenía perdida hacía tiempo.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Víctor gimió y se empotró  contra la lengua. Supongo que lo hizo para evitarme otra arcada, y allí lo sentí descargar un buen chorro de esperma, líquido espeso y de sabor metálico que me cubrió la boca por entero. Caliente, suave y grumoso. Deliciosa la leche de Víctor mezclándose con mi saliva.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Conseguí tragarla, dejando sólo resbalar un par de gotas por mi barbilla, ya que los labios, en cuanto la polla de mi hermano desalojó mi boca, se quedaron adormilados por el roce de su piel y la mandíbula dolorida por el esfuerzo. Los dedos de Víctor recogieron las gotas y me las entregaron en la lengua, y yo los chupé, agradecida.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="text-align: justify;">Jadeábamos todavía los dos mientras mi hermano volvía a vestirse y se echaba al bolsillo unos cuantos condones. El muy cabrón tenía intención de irse al coche a follar con las tías en el motel, con sus amigos. También vi que cogía mis bragas y se las guardaba en el segundo cajón de su mesilla de noche.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Quiero las bragas, Víctor… Son mías…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="text-align: justify;">Mi hermano, que ya salía por la puerta del dormitorio habiéndome sólo picado un ojo a modo de despedida, con la cara colorada y la frente perlada de sudor, se volvió y me sonrió de forma encantadora.</div>
<div style="text-align: justify;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">       &#8211;  </span><!--[endif]-->No, Bea, no te equivoques. Esas son mías. Pero si quieres… mañana me corro en unas iguales, para ti.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"></div>
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<div class='shareaholic-canvas' data-app-id='17661132' data-app='share_buttons' data-title='Polla hermana, polla disfrutada ( y IV )' data-link='http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-mamada-y-iv/' data-summary=''></div><div class='shareaholic-canvas' data-app-id='17661140' data-app='recommendations' data-title='Polla hermana, polla disfrutada ( y IV )' data-link='http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-mamada-y-iv/' data-summary=''></div><table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-3620"></div></div></td></tr></table><p>La entrada <a rel="nofollow" href="http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-mamada-y-iv/">Polla hermana, polla disfrutada ( y IV )</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="http://magelagracia.com/cartasdemiputa">Cartas de mi Puta</a>.</p>
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		<title>Polla hermana, polla observada ( III )</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Sep 2014 17:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[fantasias]]></category>
		<category><![CDATA[hermana]]></category>
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		<category><![CDATA[polla]]></category>
		<category><![CDATA[pornografica]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Si… un puto viernes. Todavía no conseguía olvidar la cara de mi hermano Víctor cuando me pilló en su cama, con la mano dentro de las bragas y la cara pegada a la mancha que su polla había dejado aquella noche. Su cuerpo, parado bajo el dintel de la puerta, …
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]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div>Si… un puto viernes.</div>
<div></div>
<div>Todavía no conseguía olvidar la cara de mi hermano Víctor cuando me pilló en su cama, con la mano dentro de las bragas y la cara pegada a la mancha que su polla había dejado aquella noche. Su cuerpo, parado bajo el dintel de la puerta, con una toalla a la cintura y el torso desnudo y algo mojado aún…</div>
<div></div>
<div>El cabello revuelto y los ojos abiertos como platos.</div>
<div></div>
<div>Juraría que también la mandíbula desencajada, pero no estoy segura. Enseguida había bajado la mirada, de pura vergüenza que sentía… hasta que llegué a su polla.</div>
<div></div>
<div>Un bulto que empezaba a dejarse notar bajo la toalla blanca. Entendía muy poco de erecciones, pero lo que si podía notar claramente es que aquello que le colgaba a mi hermano entre las piernas estaba tendente a aumentar de tamaño. Y lo estaba haciendo…</div>
<div></div>
<div>La verga de mi hermano se estaba endureciendo mientras me miraba allí, con las piernas separadas y la entrepierna expuesta, mi mano aferrada aún a mis carnes mojadas y la cara separada apenas dos dedos de sus sábanas. El olor de su polla aun me perforaba las fosas nasales, y mis dedos embadurnados en el flujo cremoso se habían quedado enterrados entre los labios menores, sin atreverse a moverse.</div>
<div></div>
<div>Esa enorme polla…</div>
<div></div>
<div>Sentí los ojos de Víctor llegarme desde los tobillos a las ingles, mientras un intenso calor me golpeaba las mejillas. Me quise morir, y dejé caer la frente contra el colchón para esconder la cara.</div>
<div></div>
<div>Pero la polla de Víctor no me dejaba…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿Has terminado?- preguntó, recuperando un poco la compostura. Casi habría preferido que me echara la bronca. ¿Qué clase de pregunta era esa, cuando pillabas a tu hermana masturbándose en tu cama con la cara pegada a una de tus corridas?</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>No pude articular palabra.</div>
<div></div>
<div>Se acercó a mí y me tomó del brazo sacando la mano que escondía en mis bragas. Levantó y observó mis dedos húmedos…  Y hubo un instante, con mi mano extendida frente a su cara, él medio arrodillado y su polla al alcance de mi boca, en que me lo imaginé oliéndome los dedos y observando la textura de los líquidos de mi coño justo antes de probarlos, llevándoselos a la boca. Y creo que él pensó exactamente lo mismo, porque sus ojos desaparecieron un momento bajo los párpados, lo justo para darme a entender que se estaba dominando. Podía ver su erección presionar la toalla en sentido hacia mi cara, casi podía olerla tan bien como olía la sábana. Sentir su lengua envolver mis dedos y sus labios apresarlos para introducirlos más fuerte, mientras que su otra mano apartara la toalla y aferrando mis cabellos guiara mi cabeza hasta su polla tiesa y caliente para acompañar mis movimientos mientras disfrutaba de mi primera mamada…</div>
<div></div>
<div>Si eso se estaba imaginando… yo también lo estaba haciendo.</div>
<div></div>
<div>Mis muslos se frotaron involuntariamente al sentir los latidos atenazando esa zona que tanto placer me daba cuando pensaba en Víctor. ¡Dios! ¡Cómo dolía! Su lengua, allí necesitaba su lengua ahora. ¡Qué me comiera el coño, que me metiera la polla! Dos dedos… tres… toda la mano, me daba igual. Tan salida estaba que creía que caería al suelo si su mano endiablada no me metía al menos un dedo…</div>
<div></div>
<div>Sólo uno… ¡Por favor!</div>
<div></div>
<div>Y él, allí. Esperando…</div>
<div></div>
<div>Su polla igualmente tiesa bajo la toalla…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Por lo mojados que están yo diría que sí- comenta, desenfadado, soltándome la mano y volviéndose a levantar.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>Se me vino el mundo encima. Lo había tenido tan cerca, y ahora lo veía alejarse…</div>
<div></div>
<div>Conseguí incorporarme a duras penas, sentarme en la cama erguida y recomponerme las faldas. Lo miré con el pelo delante de la cara, pero él me daba la espalda.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">         &#8211; </span>Voy a vestirme… Y para eso me tengo que quedar en bolas…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>¿Era un ofrecimiento? Mi corazón se alteró tanto que casi me sentí atragantar con mi propia saliva. Lo vi agarrar la toalla por el lateral donde el borde se entremetía para sujetarla, y sacarla de su sitio. Dándome la espalda, esa grandiosa espalda de nadador que mi hermanito tanto cultivaba, vi como abría la toalla por delante e iniciaba el descenso de la felpa rozando sus nalgas. Casi podía oír el sonido de la piel al dejarse acariciar por la tela. Loca de deseo me vi mientras observaba como bajaba.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿No vas a irte?- me preguntó, volviendo la cabeza para mirarme. Pude ver en sus ojos una invitación, pero no estaba segura.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>No pude resistir la idea de imaginarme metida allí delante, donde sabía que no había nada, arrodillada entre sus fuertes piernas, para tomar su polla entre mis manos y meterla en mi boca… Así, como tantas veces hacía ahora con el mango del cepillo del pelo, practicando por si llegaba el momento de vérmelas con la verga de Víctor.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Me quedo.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>Me sorprendí hasta yo al decirlo. También parece que se sorprendió él al escucharlo. Se envolvió nuevamente en la toalla y se dio la vuelta. Me miró, desafiante. Sus ojos llenos de fuego. No podía creer como me estaba mirando.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">         &#8211; </span>Fuera, mocosa.</div>
<div></div>
<div></div>
<div>Si… Un puto viernes…</div>
<div></div>
<div>Sola en casa, en mi habitación. Avergonzada y apaleada, rechazada por mi hermano en el momento más excitante de mi vida. Con el coño mojado, en el coche de Víctor de camino al instituto… Con el coño mojado en clase, con el coño mojado almorzando…</div>
<div></div>
<div>Con el coño mojado todo el puto día.</div>
<div></div>
<div>Jodido viernes.</div>
<div></div>
<div>Desesperada por tener un orgasmo, de eso no cabía duda. ¡Y por mis cojones, que no tenía, que iba a destrozarme el coño mientras me masturbaba!</div>
<div></div>
<div>El único material conocido para tal menester se escondía en el disco duro del ordenador de mi hermano. Allí le había visto porno en muchas ocasiones, y hoy lo necesitaba como respirar. Así que a esas horas… las dos de la mañana, enfilé hacia el dormitorio de Víctor y me senté en su silla. Su ordenador tenía clave, pero era tan tonta que enseguida se la había levantado. En eso mi hermanito había sido un poco descuidado. La pantalla se iluminó y mientras yo me despojaba de mis pantalones de franela, horrorosos para el lívido de cualquiera, saltó el mensaje de la contraseña. Temblé un poco al teclearla, ya que me daba siempre miedo de que la hubiera cambiado y tener que buscarme porno en cualquier otro lado… aunque, de todos modos, el recuerdo del culo de Víctor me tenía tan excitada que no creía que fuera a durar mucho para disfrutarlo. Me había agenciado del famoso cepillo. Pensaba chuparlo mientras me pellizcaba el clítoris, visionando alguna película donde la chica se la chupara muy bien al actor.  Fui directamente a la carpeta donde las guardaba, y mientras lo hacía saltó un mensaje al Hotmail, avisando en la barra inferior del escritorio…</div>
<div></div>
<div>Un mensaje de correo de una tal Verónica.</div>
<div></div>
<div>Mi mano no me obedeció cuando le dije que no lo abriera. Mi mente no quería saber lo que la tal Verónica tenía que decirle a Víctor a esas horas de la madrugada. Al clickar sobre él ya sabía que me arrepentiría… pero lo necesitaba. Tal vez esa tipa pudiera descifrarme algo de mi hermano que podría hacerme falta. Pero lo que vi no me lo esperaba…</div>
<div></div>
<div>El mensaje rezaba con La siguiente frase: Para que no olvides esta noche.</div>
<div></div>
<div>Estaba enviado desde un dispositivo móvil, y contenía un video. Lo habían llamado, Mamada a Víctor.</div>
<div></div>
<div>Temblé.</div>
<div></div>
<div>Allí, en ese video, estaba la tan ansiada polla de mi hermano, introducida en la boca de una guarra en vete a saber qué sitio. Su polla, la boca ajena. Sus jadeos, su leche espesa… La saliva de la puta mezclada con la piel endurecida…</div>
<div></div>
<div>Una mamada… Una mamada con una boca que no era la mía.</div>
<div></div>
<div>Respiré hondo y cargué el vídeo. Tardó un poco, no parecía corto. Mi corazón pareció detenerse cuando la pantalla se quedó en negro, y me dispuse, olvidando todo mi planteamiento inicial, mi coño, mi cepillo, mis dedos y mi lengua. Solo había ojos para la pantalla, y mis dedos se aferraban a la mesa como si pudieran arrancarle un pedazo de madera.</div>
<div></div>
<div>Y allí apareció ella… Rubia, con cola alta, maquillaje bastante corrido, sudada… La visión de la tal Verónica era la de la típica tía a la que se estaban follando, que estaba disfrutando como una loca. Y borracha…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">         &#8211; </span>Quiero terminar en tu boca, zorra…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>La voz de mi hermano Víctor.</div>
<div></div>
<div>El escenario, su coche; los asientos delanteros por lo que se veía. Él grababa con el móvil de ella, imagino, porque el de mi hermano se veía en plano en el sillón a un lado. Cristales empañados…</div>
<div></div>
<div>Jadeo de ambos.</div>
<div></div>
<div>Desnudos.</div>
<div></div>
<div>Ella asiente con esa cara de tonta borracha que tiene y se  la ve arrodillarse más si cabe en el asiento que normalmente yo ocupo al ir al instituto. Ese que temí mojar esa mañana tras el bochornoso espectáculo en el dormitorio de mi hermano. Se acerca su cara al plano, se ven los dedos de mi hermano entrar en su boca y hacer como si se la estuviera follando con la polla. La asfixia, le tira de los labios, le saca las babas y le corre más si se puede el lápiz labial. Ella se deja hacer, con cara de lujuriosa. Sonríe cuando su mano le golpea la mejilla, cuando le restriega las babas por la cara, cuando le da una tela y se la aprieta contra los dientes, forzándola a engullir parte del trapo.</div>
<div></div>
<div>Y allí, en segundo plano… aparece.</div>
<div></div>
<div>Su polla.</div>
<div></div>
<div>Se me cortó el aliento. Se me cortó todo el cuerpo.</div>
<div></div>
<div>Grande, rosada, gorda como no lo había imaginado nunca. No podía distinguir si larga, pero gorda lo era un rato. Un capullo bien formado, mojado y brillante, se perfilaba ahora cerca de la cara de la tipa, con alguna gota saliendo de la punta de la uretra. Venosa, fuerte, dura. La polla de Víctor era una maravilla…</div>
<div></div>
<div>La imaginé caliente entre mis dedos, pensé en morderla  y rozarla con la lengua, me vi cerrando los labios alrededor de su capullo y estrangulándola en ese punto. Chuparla como un caramelo, o como quiera que se chupara una polla como esa. Aunque, debido a su grosor, creí que no me resultaría nada fácil hacerlo.</div>
<div></div>
<div>Me había vuelto a mojar las bragas…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Chupa, zorra. Chupa hasta que me corra.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>Más mojada… latidos, temblores en mis piernas. Mi hermano Víctor hablando en ese tono de desenfreno total, voz ronca por el deseo… o el vicio. Su voz era diferente, su actitud mucho más morbosa de lo que hubiera imaginado. Ver su mano agarrar la polla y golpearle a la chica con ella en la cara fue tan estremecedor que me vi haciendo lo mismo con el cepillo, recibiendo el impacto en mis labios y en mis mejillas. Y me gustó imaginarme siendo golpeada de esa forma tan íntima. Preciosa imagen.</div>
<div></div>
<div>Se la metió a la fuerza en la boca. Bombeó con rabia contra sus carrillos, contra el paladar y la garganta. Le agarraba de los pelos y la obligaba a mirarlo, tirando de su cabeza hacia atrás mientras la perforaba con la polla. Una vez, y otra, y otra más. Fuerte, duro… hasta el puto fondo de la garganta llegaba. Arcadas en el rostro de la chica, y gemidos de él para acompañar las embestidas. Jadeos,  jadeos desenfrenados, y el sonido de su polla entrando y saliendo de una boca cargada de saliva.</div>
<div>Magnífica estampa.</div>
<div></div>
<div>Yo llevaba rato chupando el mango del cepillo…</div>
<div></div>
<div>Se acelera la respiración, el destrozarle la boca a la chica se hace más intenso. Jadeos más fuertes, más movimiento en la cámara que graba. Mi hermano se va a correr…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">         &#8211;  </span><span style="text-indent: -18pt;">No te la tragues, puta. Échala</span><span style="text-indent: -18pt;">  </span><span style="text-indent: -18pt;">aquí…</span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><span style="text-indent: -18pt;"> </span></div>
<div>Otra vez la tela en escena, la que le había metido en la boca antes. Mi hermano imprime mucho más ritmo a sus caderas, presiona con rabia, se la folla a conciencia. Ella cierra los ojos, casi llora de la fuerza y puede que de algo de náuseas. Y se corre Víctor entre estertores y gritos, y mi cabeza se llena del retumbar de su orgasmo.</div>
<div></div>
<div>Me atraganté con el cepillo…</div>
<div></div>
<div>Sale la polla roja de su boca, y la mano de mi hermano le lleva la tela a los labios de la puta de Verónica. Borracha, mira contenta de haber conseguido retener toda su leche entre el paladar y la lengua, y escupe sinuosamente la corrida blanca y pastosa. La tela la recoge, la mano la sujeta, y la limpia toda de su boca babosa.</div>
<div></div>
<div>Sube la imagen hasta estar la cámara por encima de la polla, con la tela en las manos, desaparece Verónica. Yo acabo de escupir en un clínex que por allí tenía mi hermano, y mientras lo hago miro como mi hermano enfoca bien la tela.</div>
<div></div>
<div>La reconocí al instante.</div>
<div></div>
<div>Eran unas braguitas de mi cajón de lencería…</div>
<div></div>
<div></div>
<div></div>
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		<title>Polla hermana, polla deseada ( II )</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2014 15:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[fantasias]]></category>
		<category><![CDATA[hermana]]></category>
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		<category><![CDATA[polla]]></category>
		<category><![CDATA[pornografica]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<div>Era viernes, otra vez.</div>
<div></div>
<div>Un maldito viernes, de esos en los que me quedaba sola en casa porque mis padres tenían turnos incompatibles con la vida familiar, en sus respectivos trabajos, y mi glorioso hermano había salido de juega con sus amigos. Como no, seguro que había alguna golfa de por medio.  Eso me mataba… me hacía hervir la sangre. Me hubiera encantado poder afirmar que mi hermano podía hacer lo que quisiera con su jodida polla todas las noches, pero ya había aceptado que era malo engañarse a uno mismo. Que se tirara a cualquier putón borracho me mataba, aunque en el fondo me mataba que se tirara a cualquiera, borracha o no. Imaginarlo fundir sus carnes en las de otro coño que no fuera el mío no era una opción aceptable para mí. Odiaría a toda chica que le pusiera un dedo encima a mi hermano. No decir ya a las que le ponían el coño en la boca…</div>
<div></div>
<div> En las últimas semanas, después de que tomara la determinación de que necesitaba sentirme perforada por la polla de Víctor, en modo taladro percutor, mi vida se había convertido en un autentico infierno. Me molestaba la visión de mi hermano vestido rondando los pasillos, pero también me molestaba en calzoncillos. Calzado o sin zapatos, con camiseta o sin ella. Simplemente, me molestaba mirarlo, que existiera era ya un completo martirio.</div>
<div></div>
<div>Y más martirio todavía… que para él yo no existiera.</div>
<div></div>
<div>Así que había convertido internet en mi recurso supremo. No me podía creer a la de gente que le gustaba tirarse a sus hermanos. Me hacía pensar que era un poco menos guarra de lo que en principio me creía, aunque bien mirado estaba empezando a aceptar que hay ciertos deseos que por más que los reprimas van a ir a buscarte a la tumba, si hacía falta. Y yo, antes de morirme, quería follar como una condenada a mi queridísimo hermano. Tirármelo en el coche, en la ducha… en su cama y en la mía. Joder como animales con la tranquilidad de saber que la casa era toda nuestra ya que nuestros padres siempre estaban ausentes, aprovechar incluso la cama ancha de matrimonio de nuestros progenitores…</div>
<div></div>
<div>En internet encontré de todo. Y te explicaban con pelos y señales cosas que yo nunca antes había vigilado. Cosas que ni sabía que podían ser espiadas, también… Fotos, consejos, foros y blogs relacionados con follar entre hermanos eran mis aliados ahora en el desconsuelo de mi coño. Cosas en qué fijarme…</div>
<div></div>
<div> Las llamadas poluciones nocturnas eran una de ellas…</div>
<div></div>
<div>Esa misma mañana, mientras él se daba una ducha y mis padres se habían ido ya al trabajo, me había colado en su cuarto. Llevaba haciéndolo toda la semana, buscando y olfateando sus sábanas, pasando la mano, buscando rastros de humedad… Y nada. Pero esa mañana lo había visto pasar por delante de la puerta de mi habitación mientras yo me vestía. Acababa de darme mi baño, y él me había escuchado salir y sabía que le tocaba el turno. Iba en calzoncillos… y estaba empalmado.</div>
<div></div>
<div>Me ardió el coño como nadie se imagina.</div>
<div></div>
<div>Su enorme verga marcada dentro del calzoncillo blanco, ladeada hacia la derecha, llegando más allá de la ingle… Oscura la piel, dibujado el glande con toda claridad, y mojada la tela en esa punta. Se había parado frente a la puerta de mi dormitorio, rascándose la cabeza, todavía adormilado.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¿Ya estás?</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Desayuno, y lista- había conseguido articular, ya que mis ojos habían acaparado todas mis funciones cerebrales y pocas neuronas me habían quedado disponibles para otros menesteres. Esa enorme polla aprisionada en el calzoncillo me había mojado enormemente las bragas, y sabía que tenía que cambiarlas antes de subirme a su coche, para no manchar nada.</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>La idea de lanzarme en ese momento sobre él me mantuvo tensa unos segundos. Mi mente calenturienta de adolescente virgen se precipitó sobre su paquete, queriendo recorrer con la yema de los dedos la dureza que sabía que existía pero que mis ojos no podían corroborar sin más pruebas. Y mi lengua también quería formar parte de esa pequeña orgía. Quería agarrar el calzoncillo blanco y bajárselo hasta las rodillas, observar lo que Víctor entregaba a sus novias sin reservas, tan cerca de su polla que el calor irradiara hasta la piel de mis labios, y su olor me golpeara las fosas nasales. Quería saber cómo apestaba la polla de mi querido hermano mayor.</div>
<div></div>
<div>Y probarla…</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">          </span><!--[endif]-->Quince minutos y salimos…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>Asentí y se apartó de mi vista, entrando en el baño. Nunca cerraba la puerta… Y aunque mis necesidades de ver como Víctor se quitaba la prenda y quedaba desnudo y fuertemente empalmado delante de mis ojos eran más que justificadas, aquella mañana me reclamaban sus sábanas. Así que corriendo llegué a su habitación, no sin antes echar un pequeño vistazo al interior del baño. Víctor meaba ya sin el calzoncillo en la taza del váter, de pie, ofreciéndome el grandioso espectáculo de sus nalgas duras de deportista mientras el sonido del chorro de orina chocando contra el agua del fondo me inundaba los oídos…</div>
<div></div>
<div>Esas nalgas prietas que imaginaba cada noche bombear duro contra mi coño caliente; esa orina que bebería si él me lo pidiera… Restregarme contra su boca para que me lo comiera de forma salvaje, mojándole la barbilla y la nariz enterrados entre mis flujos excitados. Sentir sus manos fuertes  aferrar mis caderas para empujar duro contra mis entrañas ardiendo, entregando mi virginidad a la polla durísima y sedienta de un follar distinto al que ha tenido hasta ahora…</div>
<div>Emborracharme para mi hermano Víctor…</div>
<div></div>
<div>Corrí hasta su dormitorio. Y mientras lo hacía, llevé los dedos a la braga y noté como la tela estaba completamente mojada, y que si presionaba solo un poco sobre los labios mayores se filtraba  a través de la braga. Los dedos pegajosos… preparados para una buena sesión de autosatisfacción para la que ahora no tenía tiempo.</div>
<div></div>
<div>Me arrodillé junto al lateral de la cama, y retiré la colcha. Allí, en el centro casi, estaba la marca que andaba buscando… la prueba de que mi hermano esa noche había estado pensando en tirarse a alguien, o directamente lo había soñado. Poco me importaban los detalles… yo solo quería probarlo.</div>
<div>A punto estuve de ir a tocar la mancha con los dedos que aún conservaban el olor de mi coño, y su humedad. Por suerte los hice retroceder a tiempo mientras avanzaba la otra mano. Y mis yemas tocaron la sábana húmeda, el surco dejado allí por sus líquidos calientes mientras pensabas en vete a saber qué guarra… Humedecí mis dedos en la mancha, recorrí la zona donde casi desaparecía, perfilando la figura que se me antojaba tremendamente grande. Llevé los dedos bajo mi nariz y aspiré el aroma, fuertemente. Ese olor no era como esperaba.</div>
<div></div>
<div>Era la primera vez que olía a polla.</div>
<div></div>
<div>Me senté en el borde de la cama y llevé mi cara hasta el colchón. Olí la esencia de Víctor sin saber si era corrida u otra cosa. La curiosidad me embargaba, pero la inexperiencia me podía… Estaba loca por googlear la pregunta, a ver si alguien aliviaba la duda.</div>
<div></div>
<div>Pegué la cara a la mancha…</div>
<div></div>
<div>Abrí la boca y la probé… pasando la lengua desde un extremo a otro, abarcándola toda.  Oliendo, degustando… Mi primer contacto con el semen masculino, con la corrida de mi hermano. No recuerdo el momento en el que, me imagino que por el descontrol de mis sentidos por aquella nueva experiencia, me llevé la mano al coño y empecé a masturbarme con saña. De veras que no recuerdo cuantos minutos pude estar tocándome y pellizcándome, penetrándome y dejando mis bragas y mi mano completamente empapadas. Gemía contra la sábana sin control, aferrada la otra mano a la colcha como si en aquel instante me empalaran y necesitara apoyo para no resbalar… Jadeaba y se me secaba la garganta contra la mancha de la cama, mientras sentía como comenzaba a ser inminente mi corrida. En mi mente solo una imagen…  Víctor contra la taza del váter regándome la cara con su leche, esa leche que olería como aquella sábana. Esa polla que me golpearía los cachetes cuando hubiera terminado, restregando la punta de su capullo contra mis labios, moldeando la elástica resistencia de las paredes internas de mi boca para introducir la corrida y poder saborearla a placer, notando todavía sus espasmos…</div>
<div></div>
<div>Su polla… Su bendita polla… Su maldita polla…</div>
<div></div>
<div>Me corría irremediablemente… y me gustaba horrores.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->¡Víctor, me corro!- me escuché decir contra las sábanas…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>Y estallé empapando las bragas, la mano, los muslos… habría mojado hasta el suelo si no llego a estar medio sentada en la cama. Mi puño aun se aferraba a la tela, y yo jadeaba mientras mi espalda se tensaba y relajaba acompañando a los espasmos que nacían de mi encabronado coño.</div>
<div></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]-->&#8211;<span style="font-size: 7pt;">        &#8211;  </span><!--[endif]-->Bea…</div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-indent: -18.0pt;"></div>
<div>¡Dios! Mi hermano…@MagelaGraciaMagela Gracia en Fb</div>
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<div class='shareaholic-canvas' data-app-id='17661132' data-app='share_buttons' data-title='Polla hermana, polla deseada ( II )' data-link='http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-deseada-ii/' data-summary=''></div><div class='shareaholic-canvas' data-app-id='17661140' data-app='recommendations' data-title='Polla hermana, polla deseada ( II )' data-link='http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-deseada-ii/' data-summary=''></div><table class="rw-rating-table rw-ltr rw-left rw-no-labels"><tr><td><nobr>&nbsp;</nobr></td><td><div class="rw-left"><div class="rw-ui-container rw-class-blog-post rw-urid-3640"></div></div></td></tr></table><p>La entrada <a rel="nofollow" href="http://magelagracia.com/cartasdemiputa/polla-hermana-polla-deseada-ii/">Polla hermana, polla deseada ( II )</a> aparece primero en <a rel="nofollow" href="http://magelagracia.com/cartasdemiputa">Cartas de mi Puta</a>.</p>
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		<title>Polla hermana, polla amiga ( I )</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Sep 2014 18:43:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Magela Gracia]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cartas de mi Puta y Otros Cuentos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[Otros Relatos Eróticos]]></category>
		<category><![CDATA[erotismo]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>Estaba hasta las narices de que mis amigas me preguntaran de qué tamaño tenía la polla mi hermano. Y sus huevos… ¿Eran redondos y duros, le colgaban mucho, se depilaba?   &#8211;      &#8211; ¿Y yo qué sé?-, les contestaba-. Nunca le he mirado la polla a mi hermano. No …
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				<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Estaba hasta las narices de que mis amigas me preguntaran de qué tamaño tenía la polla mi hermano. Y sus huevos… ¿Eran redondos y duros, le colgaban mucho, se depilaba?</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]--><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family: Calibri;">&#8211;<span style="font-size: 7pt; line-height: normal;">      &#8211; </span></span><!--[endif]--><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">¿Y yo qué sé?-, les contestaba-. Nunca le he mirado la polla a mi hermano. No te digo ya los huevos…</span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Por descartado, ellas no podían creerme; y yo no les daba más explicaciones, por supuesto. Que no me hubiera fijado nunca en el tamaño de la polla de mi hermano, que al parecer era la sensación del instituto, tenía que ser pecado como mínimo. Pero es que para ese entonces me parecía raro que me comentaran algo de él, ya que era suficientemente mayor como para que nunca nos mirara como a las mujeres que nos estábamos convirtiendo… mujeres que se morían por poner los labios sobre su tremenda polla, comerla hasta hacerlo correr, probar su leche espesa…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">¡Por el amor de Dios, que era mi hermano! Tampoco me había fijado en la verga de los otros chicos. Mojigata, sí… Pero, sobre todo, resignada… Me faltaban, seguramente, muchos años antes de conseguir probar una tirando a normalita, no digamos una de las características que le atribuían mis amigas a la de Víctor. Resignada, sí, y realista. </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Una normalita, para empezar…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">No soy de las chicas guapas, ni siquiera se puede decir que sea resultona. Normal, sí… y tirando a tonta. Eso sí que me describe bien, una tremenda cortada. La niña tonta que se pone colorada cuando un tío le mira las tetas.  Todo lo contrario que mi hermano, el maravilloso Víctor, terminando Arquitectura después de tantos años. Yo tengo 16, él me saca diez, aunque parecen muchos más por el porte que tiene. ¿Qué si me he fijado? ¡Joder, como no hacerlo, si parece un puto modelo! La naturaleza de mí se olvidó, pero a él le cogió cariño desde el principio. Claro que al inicio ni me fijaba; no se me iban los ojos ni a su paquete ni a su culo… pero tantas veces me lo ponían delante mis compañeras y amigas con sus ojos lascivos… que acabé cayendo.  Acabé mirándolo, como lo veían ellas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y ellas lo miraban mucho… </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y lo deseaban más.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Sabía que se masturbaban pensando en Víctor, sabía que se lo follarían si tuvieran la más mínima oportunidad. Estaban salidas, y mi hermano, además de estar muy, pero que muy bueno, era un buen partido. Y era mayor, ya con eso supongo que les bastaba. También lo de que tuviera coche ayudaba, ya que se veían las muy cerdas follándoselo en el asiento delantero, sacando la cabeza por la ventanilla del pasajero y ofreciéndole el culo mientras él las ensartaba con fuerza desde en otro lado,  agarrado a sus caderas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Yo también lo hacía. Al final, había acabado pecando.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Me lo imaginaba montándomelo con él en su puñetero coche, donde tantas veces me sentaba para que me llevara al instituto antes de que él se fuera a sus clases. Más de una vez temí dejar la marca de mi coño mojado en la tapicería del asiento, ya que la falda del uniforme no la llevaba precisamente larga… Algo había que potenciar de mi físico, aunque fuera vistiendo como el resto de mis amigas. Sí, como una puta. Allí sentada, viéndolo cambiar las marchas, mientras hablaba con sus amigas por el manos libres, me imaginaba empalada por su nabo a un ritmo frenético, como había visto en algunas de las pelis que guardaba en la memoria del ordenador de su dormitorio, y que yo espiaba las noches en que salía de marcha y sabía que no iba a regresar temprano.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Si… Deseaba a mi hermano Víctor. Hacía meses que lo deseaba…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Me masturbaba pensando en él.  En su polla, o especificando, en su polla jodiéndome el coño de forma bestial.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y allí estaba siempre, con sus amigos en su cuarto. Ninguno me miraba. Víctor tampoco lo hacía. Yo los oía hablar de chicas desde mi habitación; se contaban unos a otros sus correrías y mi hermano no era ningún santo. Había tenido varias novias, y aunque no era del todo faltón con respecto a sus aventuras de vez en cuando se le soltaba la lengua y decía más de la cuenta. Si podía, lo escuchaba con suma atención, y me lo imaginaba a él entre mis piernas.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y me mojaba…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">A mi hermano, descubrí, le gustan borrachas…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Siempre que se le llenaba la boca contando sus batallas era cuando sus novias bebían más de lo que debían. Por norma general, decía bien poco. Supongo que le cortaba que yo pudiera estar escuchando al otro lado del pasillo, aunque no cerraba nunca la puerta, el muy malnacido. Sus amigos le preguntaban y no soltaba prenda. Se hacía el duro, comentarios evasivos, nada más. Pero cuando aquella noche la chica de turno había bebido parecía que se ponía como loco y no podía reprimir el instinto de hacerse el machito frente a sus colegas. Solían ser cuatro, contándole a él. Aquella noche, yo con los deberes de Inglés sobre la mesa de mi escritorio, intentando no prestar atención a los relatos de la juerga del viernes pasado de sus amigos, mirando las letras desordenadas en otro idioma, me descubrí prestando atención a su amigo, que describía como se había follado por el culo a una universitaria del Erasmus, y dibujando yo una enorme polla en la hoja cuadriculada… ¡Joder! A repetir toda la puñetera tarea…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y entonces, uno de ellos, al que conocía como íntimo de mi hermano, se ríe y da un golpe en algún sitio duro del dormitorio. El resto le acompaña, porque seguro que saben de qué va el chiste. Se escuchan movimientos y ruido de la silla de escritorio al rodas por el suelo, redistribuyendo la disposición de los cuerpos.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]--><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family: Calibri;">&#8211;<span style="font-size: 7pt; line-height: normal;">  &#8211; </span></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">El que lo tuvo que pasar bien anoche fue Víctor-, le escucho decir-. Inés estaba completamente borracha. </span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Comentarios de aprobación, palmas que animan y unos cuantos vítores. Mi hermano se ríe entre dientes. Conozco esa expresión de su cara; nervioso,  excitado. Seguro que se le ha puesto dura nada más mentarlo. Pero baja un poco la voz antes de decir nada… a eso no estoy acostumbrada.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><!-- [if !supportLists]--><span style="font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family: Calibri;">&#8211;<span style="font-size: 7pt; line-height: normal;">     &#8211; </span></span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Se la tragó todita, la muy cerda-, comenta, como si nada-. Le di polla hasta la garganta y creí que vomitaría de tanto alcohol que llevaba encima. Pero aguantó como una campeona, y se tragó toda la corrida. Me puso como una moto, estaba completamente salida. El rímel le manchaba toda la cara. El sudor se le pegaba al pelo y le tapaba los cachetes. Pero se lo agarré mientras me la mamaba… viendo como sus mofletes se inflaban cada vez que le daba un pollazo. ¡Joder, qué buena mamada me hizo la muy borracha! No aguanté mucho, pero me salió tanta leche que le rebosó de la boca cuando se la incrusté al final, y casi creí que volvería a casa con los pantalones manchados con lo que se había comido aquella noche. Me sorprendió cuando consiguió tragárselo casi todo, y agarrarme los huevos para estrujármelos mientras me chupaba la puta punta del nabo.</span></div>
<div style="mso-list: l0 level1 lfo1; text-align: justify; text-indent: -18.0pt;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Me llevé la mano a mi coño virgen, que latía con fuerza allí donde me tocaba para correrme por las noches pensando en la pollita de mi hermano. Siempre la había imaginado normal, y ahora se me antojaba enorme, venosa y brillante, y la vi metida en la boca de la zorra de Inés, y me dieron ganas de darle un bofetón en esa cara sudada y corrida. No se merecía la enorme polla de mi querido Víctor, ninguna la merecía…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Me descubrí más mojada que nunca. Me dolía el coño, sí, dolía…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">El lenguaje soez de mi hermano me había cortado la carne, me había hecho ver lo que habían visto sus ojos, y ahora no quería dejar de imaginar que eran los míos los que lo miraban con los cojones hinchados a la altura de la barbilla, la boca llena de su polla sudada por estar tanto tiempo en la bragueta, mi estómago revuelto por el alcohol que no sé beber…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y su leche espesa… resbalando por mi boca, iniciando el descenso hacia el cuello y refugiándose en el canalillo de mi pequeño escote. La mano de mi hermano agarrando mi cabeza contra su pelvis, y yo gimiendo mientras siento llegar mi orgasmo…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Las risas de sus amigos me devuelven a la realidad… Me he estado masturbando; a punto he estado de correrme con la puerta abierta de mi cuarto, y no sé si he estado jadeando, ni si me han escuchado al otro lado. Me late la vulva como nunca, duele a rabiar la sensación de vacío que siento allí donde quiero que me ensarte la polla. Sudo y jadeo. He manchado la silla con lo que expulsaba mi coño, y mis dedos están rígidos por el machaque que le he dado a la punta de mi clítoris edematizado. Quiero seguir… pero lo quiero hacer con la polla de Víctor delante.</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Bueno… Tal vez no precisamente delante…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Quiero ser la putita borracha de mi hermano Víctor…</span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"> </span></div>
<div style="text-align: justify;"><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">Y sé donde guarda mi padre el whisky barato…</span><br />
<span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><br />
</span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><br />
</span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><br />
</span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><br />
</span><span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;">@MagelaGracia</span><br />
<span style="font-family: 'Arial','sans-serif'; font-size: 12.0pt; line-height: 115%;"><br />
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