La moralidad de las mujeres de bien

¿Cómo te atreves? Se me ha erizado la piel, me han ardido las entrañas… En el sexo no todo vale.

¿Te excitas así? ¡Cojonudo! Pero no vuelvas a llamarme. Mis ansias por verte antes han tornado a náuseas reales…

Joder…

No. No me sale.

Tus perversiones son las mías, tus fantasías son el fiel reflejo de mi alma castigada.

No. No me sale.

No puedo mentir aquí, en nuestro lecho, para creerme mejor que tú porque mis lujurias sean más aceptables que las tuyas. La diferencia reside en ser capaz de no dejarse consumir por mis perversiones.

¿Reprimida?

Por Dios que sí.

Moralidad que ata mi coño como un cinturón de castidad. Empleo, familia, amigos. Rasero sexual agotado y anticuado, pero siempre el muro que no he de saltar…

¡Pero, por favor…!

Átame, hazme daño, humíllame con tus manos, hazme una zorra con tu polla; imagíname con otro y luego hazlo, imagíname con 4 y dame el gustazo. Pégame… y después bésame…

Elévame al éxtasis y luego abandóname en mi infierno.

Y, sobre todo, nunca digas luego que esos deseos salieron de mis labios…

 
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Magela Gracia

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