Desnudarme…

Te miro desde mi silla, dejando que la música comience a llenar mi cabeza, a embargar mis sentidos. Velas a mi espalda, tequila por el suelo… sexo en el ambiente.

Uno, dos, tres… uno a uno los botones de mi blusa van desabrochándose entre mis dedos, dejando al descubierto más pedazos de mi piel caliente y perlada de purpurina dorada. Las piernas a ambos lados del asiento, con un minúsculo pantalón negro que apenas si tapa el inicio de mis nalgas. Dos movimientos de hombros y uno de los lados de la blusa se desliza por mi espalda, dejando un pecho al descubierto; tieso, brillante… perfecto. El pezón, erecto.
Los zapatos de tacón de aguja martillean sobre del suelo al compás de la música. Medias de rejilla que llegan hasta la mitad de los muslos visten las piernas con su base dorada. ¡Cuánta purpurina! Un collar largo resbala por mi cuello y llega hasta la rodilla al inclinarse mi torso.
Saliva…
Un dedo dentro de mi boca, bien mojado, muy húmedo… El dedo se desliza por el mentón, el perfil del cuello, el borde de la blusa. Su yema llega hasta el pecho y moja el pezón. Juega con él, lo acaricia y lo pellizca mientras los párpados se entornan por el placer. La pelvis se eleva y contonea con movimientos rítmicos mientras mi otra mano ha descendido y se ha colocado dentro del pantalón. Vigilas sus movimientos, te encanta verme masturbar… Varias gotas de sudor recorren la parte posterior de las rodillas, surcando los caminos de las medias. Intuyes los gemidos pero no puedes escucharlos por la música.
Pongo las dos manos sobre los muslos. Los botones de la blusa están totalmente desabrochados, pero el otro pecho continúa cubierto por la tela. Los dedos recorren las rodillas, los gemelos, los tobillos… y los tacones. Mi cabello roza el suelo, el collar se desliza del cuello hasta que la tarima lo recoge en un lío de cuentas negras. Al volverme a incorporar la tela de la blusa se desprende de mis hombros y resbala por mi espalda. En ese momento ya estás imaginando lo bueno que sería llevarte cualquiera de los dos pezones a la boca, estrujar los pechos y chuparlos hasta hacerme gemir por encima del nivel de la música. Un tirón seco de mi cabello e inclinarme la cabeza hacia atrás, exponiendo mi cuello dorado a tus dientes, a tu lengua juguetona y perversa.
Me miras… No puedes dejar de mirarme. No puedes impedir que tu sexo intuya hacia donde irán mis manos ahora, aunque al ver que desabrochan los botones del pantalón casi que prefieres cerrar los ojos para no correrte tan pronto. El encaje de mis bragas te vuelve loco. Bajo un poco el pantalón de las caderas y meto ambas manos en la parte trasera, para aferrar los dedos alrededor de las nalgas duras y también doradas. Puedes sentir los movimientos de mis dedos como si fueran los tuyos, puedes percibir mi aliento sobre tu piel, como si te tuviera justo enfrente, gimiendo sobre tu torso, besando y lamiendo tu pecho entre convulsiones de placer. Mi boca sobre tu piel… Mi boca sobre todo tu cuerpo.
Solo mi boca, solo tus manos.
Levanto la vista para mirarte. Las pestañas parpadean un par de veces, remolonas, jugueteando frente a mis ojos con perverso deseo.
          Ven a quitarme los pantalones.
 
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Magela Gracia

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